sábado, 14 de enero de 2012

¡LARGA VIDA A LA REVOLUCION BOLIVARIANA!
Estimados compañeros y amigos, al amanecer el año nos encontramos con una buena noticia que considero debemos destacar por encima del cúmulo de problemas y obstáculos que afrontan la mayoría de los pueblos en sus luchas emancipadoras. Dentro del mar de problemas también hay noticias positivas; el desarrollo de los pueblos es desigual, no marchan al mismo ritmo, mientras los pueblos europeos dan la batalla por conservar los estándares de seguridad social alcanzados durante varias décadas de lucha, hoy severamente cuestionados y amenazados por la terrible crisis del capitalismo, en Venezuela es otra historia diametralmente opuesta, la Revolución Bolivariana avanza hacia una nueva etapa de conquistas que aseguran el bienestar de su población.
Hasta culminar el año 2011, el Sistema de Seguridad Social de la República de Venezuela era más o menos similar al de cualquier otro país de Latinoamérica, Europa, Estados Unidos, Canadá y Japón. En todas estas naciones, los trabajadores afiliados o cotizantes, llegada la hora de jubilación, disfrutan de una pensión que les permitirá pasar el resto de su vida protegido con una mediana seguridad económica y asistencia médica. Y en el caso de México, por ejemplo, da lo mismo si el trabajador lo había sido en el sector público o en el privado.
Con algunas diferencias por país, en general la edad de jubilación promediaba los 60 años. Ahora mismo en algunos países europeos, Gobiernos reaccionarios están pugnando por un aumento en la edad de jubilación, so pretexto del incremento cuasi universal, cierto e indiscutible, en la esperanza de vida.
Más allá de la discusión de lo justo o injusto de ese aumento en la edad jubilatoria, digamos que lo más importante del asunto radica en que los jubilados quedan protegidos por una pensión hasta el final de sus días, siempre y cuando se trate de trabajadores afiliados al sistema de seguridad social. ¿Pero qué pasa con los trabajadores que nunca se afiliaron o no fueron afiliados a la seguridad social –campesinos, productores y vendedores por cuenta propia, taxistas, plomeros, pescadores, albañiles y millones de mujeres que jamás se emplearon fuera del hogar-?
Pues sencillamente que no pueden disfrutar de una pensión jubilatoria. Millones y millones de personas alrededor del mundo que para sobrevivir con decoro sus últimos años deben depender de los hijos, si los hubo y si éstos están dispuestos a sostener a sus padres ancianos, de la venta o alquiler de una propiedad, de unos posibles ahorros o de cualquier otra forma de ingreso o sostenimiento distinto a una pensión jubilatoria de carácter público.
Salta a la vista lo injusto de un sistema de seguridad social así diseñado y excluyente por definición. Máxime cuando vivimos en tiempos en que el desempleo es el flagelo planetario. Había que poner remedio a esa injusticia. Y, por primera vez en la historia, que yo sepa, ya se está haciendo en Venezuela. A partir del primer día de éste año 2012, la ley venezolana dotará de una pensión jubilatoria a todas las mujeres mayores de 55 años y a todos los varones de más de 60, sin que importe si fueron afiliados o cotizantes a la seguridad social o si, habiéndolo sido, no completaron el mínimo de cuotas establecido por la antigua ley para tener derecho a la pensión jubilatoria o por vejez. Porque, como dijo el Presidente Hugo Chávez al poner en vigor la nueva ley, se trata de ´´ir rompiendo con los paradigmas injustos que heredamos del pasado´´.
A partir de la fecha citada, esas mujeres de más de 55 años, y esos varones mayores de 60 que no tenían derecho a una pensión jubilatoria, recibirán una hasta el fin de sus días. El monto de la pensión será equivalente al salario mínimo: mil 548 Bolívares –la moneda venezolana-, algo así como unos 360 dólares de Estados Unidos, o unos cinco mil pesos mexicanos mensuales.
Ciertamente cinco mil pesos al mes no es mucho, pero permite un final de la existencia decoroso. Y si se trata de un matrimonio, la suma de ambas pensiones llega a los diez mil pesos mexicanos al mes. Se trata de una medida de la más estricta justicia social para los abuelos hasta ese momento desprotegidos. Es una medida justiciera, producto de una revolución justiciera y de un Gobierno justiciero. ¡Larga vida a la Revolución Bolivariana!