viernes, 31 de octubre de 2008

SITIO DE DIVULGACION IDEOLOGICA...

-->habitamos -->

sábado, 25 de octubre de 2008

¿Sólo una crisis financiera?

¿Crisis financiera o crisis del modelo económico?
¿Quién rescatará a los pobres?

“Los inversionistas huelen la recesión mundial”, decía una nota informativa, refiriéndose al terremoto financiero que sacude al mundo; los cuadros de inteligencia del imperialismo dicen que se superará tan pronto los gobiernos retomen su papel regulador. Encerrados en la discusión del problema en términos técnicos financieros olvidan reflexionar sobre el contexto general en que se desarrolla la economía mundial, el proceso histórico y la evolución de las instituciones económicas. Cual náufragos encerrados en una isla sin conexión alguna hacen del problema financiero una cuestión técnica sin conexión con la realidad objetiva. Si la falta de regulación del Estado para prevenir los desastres financieros es un efecto, entonces la causa es el modelo económico neoliberal.
Es el agotamiento natural de un modelo de la economía el que está en crisis. Recordemos que la teoría del neoliberalismo se nutre del liberalismo económico surgido en los siglos XVII y XVIII, como una demanda revolucionaria y justiciera enarbolada por la naciente burguesía. El grito libertario de la clase burguesa buscaba barrer con todos los obstáculos que imponía el caduco y decadente sistema feudal para el desarrollo de la industria y el comercio; los estancos las alcabalas y toda suerte de restricciones hacían imposible el desarrollo de las fuerzas productivas. La libertad de comercio y la libre concurrencia como piedras angulares de la teoría del liberalismo económico, una vez conquistadas, enterraron para siempre el sistema de producción feudal y nació el capitalismo.
El triunfo definitivo del capitalismo podríamos decir que se dio con la Revolución Industrial del siglo XVIII. El surgimiento del telar mecánico y la máquina de vapor, entre otras, sustituyeron la industria artesanal y surgió la producción en serie, y con ella, surge al escenario de la historia el proletariado como clase social, con necesidades e intereses propios. Al mismo tiempo que se sientan las bases para la concentración del producto del trabajo y la exportación de capitales, dando lugar al surgimiento del fenómeno de los monopolios.
Ya en el siglo XX, en los años treinta, particularmente en los Estados Unidos, el capitalismo afronta su primera gran crisis que pone de manifiesto sus grandes contradicciones internas. Un desastre económico que cubrió de pobreza el suelo norteamericano, mismo que no sería superado hasta después de la II Guerra Mundial. La victoria aliada contra el fascismo alemán comandado por Hitler fue el oxigeno que alimentó la recuperación de la economía norteamericana y del capitalismo en boga
Pero el imperialismo, como fase superior del capitalismo, y la fuerza política y económica de los monopolios –corporaciones multinacionales- no sería tal sin el surgimiento a principios de los años ochenta de lo que hemos dado en llamar Revolución Científico-Técnica. Un verdadero salto cualitativo producido por los portentosos avances en la ciencia aplicada a la tecnología. Surgen las tecnologías de punta, entre ellas la robótica, la cibernética, y se inicia una nueva etapa de superproducción de bienes y servicios; la capacidad industrial instalada actual es tal que puede surtir otros tres o cuatro planetas igual al nuestro, lo mismo en ropa, electrodomésticos o automóviles. La informática se expande con el internet y la antes inmensidad del mundo se reduce hoy a una aldea global.
Esos cambios de calidad surgidos de la Revolución Científico-Técnica traen como resultado la era de la globalización. El mundo se hace pequeño y la economía mundial se conecta bajo un solo mando, el de los monopolios y los centros financieros. Debido a la interconexión financiera global surgen los llamados efectos “domino”, que se encargan de trasladar hasta los confines del planeta lo mismo el optimismo que el pesimismo de los dueños del capital; las economías del mundo exportan en cuestión de segundos la euforia que hace subir las bolsas lo mismo que los terremotos financieros que no respetan fronteras geográficas. Otro de los frutos de la llamada globalización es la economía ficticia y especulativa, compuesta de capitales golondrinos que saltan de país en país en busca de ganancias fáciles a través del mercadeo de acciones, los cuales tienen la capacidad de desequilibrar la economía de cualquier país.
En lo político, la Revolución Científico-Técnica y su producto la globalización neoliberal produjo la derechización del mundo. La mega industrialización, la fuerza económica de los monopolios y los centros financieros catapultaron a los partidos políticos de derecha y tomaron el poder en casi todo el mundo. El campo socialista colapsó y la Unión Soviética se desintegró. Surge entonces la etapa actual en la que nos encontramos: el mundo unipolar, dominado por la hegemonía del imperialismo norteamericano. Un orden económico dominado por la potencia del norte que gobierna el mundo sin contrapesos que puedan equilibrar los intereses multilaterales de los pueblos. Una dictadura monopolista global que impone un modelo concentrador de la riqueza; que promueve la desigualdad social y la pobreza; que impone las políticas del mercado, los acuerdos de libre comercio, y el modelo político sostenido por la democracia de mercado.
Con todas estas reflexiones previas ya podemos sostener que la actual crisis financiera no surge por sí sola ni se da por generación espontánea. Esta crisis que arrastra a la economía del mundo al precipicio es uno de los efectos devastadores de una crisis general del modo de producción capitalista. No es en modo alguno una crisis aislada, sino que tiene que ver con todo el contexto general del desarrollo de la economía.
Recordemos sólo tres crisis que se han juntado en una sola al mismo tiempo. Primera. A principios del año estalló la crisis alimentaria; crisis a la que nos ha llevado el abandono presupuestal del campo, el desmantelamiento de las instituciones oficiales que se encargaban de la producción del campo (Fertimex, Conasupo, Etc.,), dejando la política de la producción de alimentos en manos de las corporaciones multinacionales. El abandono del campo y de nuestra soberanía alimentaria trajo sus consecuencias; se dejó sentir el alza generalizada de los artículos de la canasta básica de consumo popular y la caía general de la economía.
Sólo por citar algunos incrementos tenemos los siguientes: el precio de la tortilla ha aumentado en 42 por ciento; el pan 60 por ciento; la leche 35 por ciento; el huevo 80 por ciento; el fríjol 100 por ciento; la lenteja 130 por ciento; el arroz 130 por ciento; el aceite 113 por ciento; la carne de res 60 por ciento; la carne de cerdo 50 por ciento; el café 65 por ciento; el azúcar 40 por ciento; las pastas para sopa 62 por ciento; la gasolina 10 por ciento; el diesel 18 por ciento; el gas 20 por ciento; y la luz, sólo en lo que va del año, 100 por ciento. El Banco Mundial estimó en enero pasado, que a la cifra actual de mexicanos en pobreza extrema, se le sumarían otros 7.5 millones más como producto de la crisis alimentaria.
Segunda. Hay que sumar a ese panorama la crisis energética, vinculada estrechamente con el capital especulativo que se mueve en las bolsas de valores alrededor del mundo. El precio del barril de petróleo crudo llegó a cotizarse hace unos meses en cerca de los 150 dólares, y ahora mismo anda por debajo de los 60 dólares por barril. La crisis energética es otro elemento desestabilizador de las economías emergentes.
Y tercera. A este panorama devastador se le suma el estallido de la crisis financiera, la cual comenzó en los Estados Unidos con los terremotos bursátiles y grandes bancos declarados en quiebra - dicen allá- por el problema inmobiliario. El pueblo norteamericano se declaró en quiebra porque no puede pagar su tarjeta de crédito, sus casas ni sus automóviles, por insolvencia económica total de la clase trabajadora del vecino país del norte.
Aquí es donde debemos aclarar que la quiebra económica de los Estados Unidos no surgió hace un mes, sino que ha ido a la baja de manera sostenida desde hace por lo menos diez años, desde el final de la bonanza clintoniana. Esa debacle financiera se debe en buena parte al fenómeno de la globalización; las grandes corporaciones multinacionales, la gran industria y hasta parte de la agricultura, fueron empujadas a producir fuera del territorio geográfico de los Estados Unidos, en busca de mano de obra barata, casi esclava, infraestructura gratuita y condonación de impuestos, en los países subdesarrollados, para mejorar lo que ellos llaman “competitividad en la producción”. En ese proceso la clase obrera norteamericana se queda sin trabajo, porque sus empleos se los llevan a otros lados; se declaran insolventes para pagar sus deudas, y el gobierno tiene que desembolsar más dinero en los programas sociales y cubrir el desempleo.
Además, por si fuera poco, hay que recordar que el déficit fiscal del gobierno de los EU es el más grande del mundo, con cerca de 800 mil millones de dólares. Es la norteamericana una economía ficticia, irreal, especulativa, que gasta más de lo que produce, y que tarde o temprano estallaría la mega crisis financiera que estamos viendo. Lógicamente que, siendo EU la cabeza del caduco y obsoleto orden financiero internacional, en su caída estrepitosa se lleva por delante a las economías del mundo; es el efecto dominó que opera por medio de la interconexión financiera del mundo globalizado.
Las bolsas de valores del mundo ya venían desplomándose desde hace meses, he aquí solo unos datos. De enero a la fecha, Londres ha registrado a la baja pérdidas por el 39 por ciento; París, 43.4 por ciento; Francfort, el Dax, 43.6 por ciento; Nueva York, el Dow Jones, 38.9 por ciento; Hong Kong, 46.8 por ciento; Tokio, el índice Nikkei, 45.9 por ciento. Ante el cataclismo financiero y el pánico de los especuladores y agiotistas, de inmediato se reunieron en los grandes foros la alta representación del sistema financiero y los gobiernos neoliberales; el G7, el G20, el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial y el Eurogrupo. Acordaron inmediatamente disponer de los erarios públicos y el saqueo de los pueblos para resarcir las grandes pérdidas privadas. Sólo los gobiernos de los países europeos anunciaron planes de apoyo al sector bancario por la cantidad de 2.2 billones de dólares; al mismo tiempo que el Banco Mundial anunciaba el paquete financiero por la ridícula cantidad de 1200 millones de dólares para apoyar a las economías emergentes, a afrontar la pobreza que producirá la crisis financiera.
Algunos han dado en calificar esos escandalosos rescates con fondos públicos como “nacionalizaciones”, lo que es un total contrasentido, un barbarismo. Nunca podrá equipararse –por ejemplo- la nacionalización del petróleo o de la industria eléctrica, verdaderas reivindicaciones patrimoniales a favor del pueblo, con un vulgar saqueo a favor de intereses particulares, como lo fue y sigue siendo el desafortunado Fobaproa.
Las grandes cadenas informativas del imperialismo dan cuenta del estallido de la crisis financiera que inició hace unas semanas, para ellos apenas comienza, pero habrá que recordarles que la clase obrera tiene más de 20 años sufriendo sobre sus espaldas una infame y criminal política salarial restrictiva; el salario mínimo oficial es apenas de 52 pesos por jornada, pero ésta crisis que viven las grandes mayorías de la población no les interesa. Los trabajadores ya están hartos y cansados de vivir en esta esclavitud oprobiosa, por eso ven en la presente convulsión, no una amenaza a su precaria existencia, sino una oportunidad de precipitar la construcción de un porvenir más justo y luminoso para todos los seres humanos.
Comentarios: gacetaproletaria@gmail.com
Gacetaproletaria.blogspot.com
.

viernes, 17 de octubre de 2008

ANIVERSARIO DEL NATALICIO DE JOHN REED

CXXI ANIVERSARIO DEL NATALICIO DE JOHN REED
UN PERIODISTA REVOLUCIONARIO


La primera ciudad norteamericana en que los obreros se negaron a cargar armas y municiones para el ejército de Koltchak fue la ciudad de Portland, en la costa del Pacífico. En esta ciudad nació John Reed el 22 de octubre de 1887.
Su padre era uno de aquellos recios pioneros, de espíritu recto, que Jack London pinta en sus relatos sobre el Oeste norteamericano. Hombre de aguda inteligencia que odiaba la falacia y la hipocresía, en vez de ponerse, como tantos otros, al lado de las gentes ricas e influyentes, se enfrentó a ellas y, cuando los monopolios, como pulpos gigantescos, se apoderaron de los bosques y otras riquezas naturales del Estado, emprendió una lucha encarnizada en contra de ellos. Fue perseguido, combatido a muerte, despedido de su empleo. Pero jamás capituló ante sus enemigos.
John Reed recibió de su padre una buena herencia: una inteligencia despierta y aguda, un temperamento de luchador, un espíritu intrépido y valeroso. Sus brillantes dotes se manifestaron desde edad temprana, y al terminar sus estudios secundarios fue enviado a Harvard, la más famosa Universidad de los Estados Unidos. Allí enviaban a sus hijos los reyes del petróleo, los barones de la hulla y los magnates del acero, sabiendo perfectamente que al cabo de cuatro años de deportes, de lujo y de "aburrido estudio de una serie de ciencias tediosas" volverían a casa con el espíritu depurado de la más leve sospecha de radicalismo. De este modo se moldean en los colegios y universidades decenas de millares de jóvenes norteamericanos, que salen de las aulas convertidos en aguerridos defensores del orden establecido, en guardias blancos de la reacción.
John Reed pasó cuatro años detrás de los muros de Harvard, donde sus atractivos personales y sus dotes lo hicieron querido de todos. Convive diariamente con los jóvenes vástagos de las clases ricas y privilegiadas. Sigue las lecciones grandilocuentes de los reflexivos y ortodoxos profesores de sociología; escucha los sermones de los sumos sacerdotes del capitalismo, los profesores de Economía Política. Y acaba organizando un club socialista en el corazón de esta fortaleza de la plutocracia. Fue un verdadero bofetón asestado en la cara de estos sabios ignaros. Sus profesores se consolaron pensando que sólo se trataba, sin duda, de una travesura de muchacho. "El radicalismo -se dijeron- se le pasará apenas cruce las puertas del colegio y se encare con la realidad de la vida."
Terminados sus estudios y habiendo obtenido su grado universitario, John Reed se lanzó al amplio mundo, y en un período de tiempo increíblemente breve lo conquistó, gracias a su amor a la vida, a su entusiasmo y su pluma. Siendo todavía estudiante había colaborado en un periódico satírico titulado Latroon (El Burlón), haciendo gala de un estilo ingenioso y brillante. De su pluma brotó ahora un torrente de poemas, de relatos, de dramas. Los editores lo asaltaban con proposiciones, las revistas ilustradas le ofrecían sumas casi fabulosas, los grandes diarios le pedían crónicas sobre los acontecimientos más importantes de la vida en el extranjero.
Se convirtió así en peregrino de los grandes caminos del mundo. Quien quisiera estar al corriente de la vida contemporánea no tenía más que seguir a John Reed; como el albatros, el ave de las tempestades, estaba presente dondequiera que sucedía algo importante.
En Paterson, una huelga de los obreros textiles fue creciendo hasta convertirse en una tempestad revolucionaria: allí estaba John Reed, en el corazón de la tormenta. En Colorado, los esclavos de Rockefeller salieron de sus fosas y se negaron a volver a ellas, desafiando las macanas y los fusiles de los guardias: allí estaba John Reed, al lado de los rebeldes.
En México, los peones oprimidos levantaron el estandarte de la revuelta y, con Pancho Villa a la cabeza, marcharon sobre el Palacio Nacional; John Reed cabalgaba mezclado con ellos. El relato de esta lucha vio la luz en la revista Metropolitan y más tarde en el libro México en armas. Con patetismo auténticamente poético, John Reed pintó en estas páginas las montañas de color púrpura y los inmensos desiertos "defendidos, todo en torno, por las espinas de los cactus gigantes". Le gustaban las llanuras infinitas, pero amaba sobre todo a los hombres que moraban en ellas, explotados sin compasión por los terratenientes y la Iglesia católica. Reed los describe bajando con sus rebaños de los pastizales de las montañas para unirse a los ejércitos libertadores, cantando al atardecer junto a las hogueras del campamento y combatiendo aguerridamente por la tierra y la libertad, a despecho del frío y el hambre, descalzos y cubiertos de harapos.
Estalla la guerra imperialista. Dondequiera que truena el cañón, allí está John Reed: en Francia, en Alemania, en Italia, en Turquía, en los Balcanes, en Rusia. Por haber denunciado la traición del funcionario zarista y recogido documentos que demostraban su participación en la organización de las matanzas antisemitas fue detenido por los esbirros en unión del célebre pintor Bordman Robinson. Pero, como de costumbre, valiéndose de una hábil intriga, de un azar afortunado o de un astuto subterfugio, logró escapar de sus garras y lanzarse riendo a la nueva aventura. El peligro jamás lo detuvo. Era su elemento natural. Siempre se las arreglaba para llegar a las zonas prohibidas, a las líneas avanzadas de las trincheras.
¡Cuan vivo permanece en mi recuerdo el viaje que hice con John Reed y Boris Reinstein por el frente de Riga, en septiembre de 1917! Nuestro automóvil se dirigía al Sur, hacia Venden, cuando la artillería alemana comenzó a bombardear un pueblo situado al Este. De pronto, este pueblo se convirtió para John Reed en el lugar más interesante del mundo. Se empeñó en que fuésemos allí. Marchábamos prudentemente a rastras. De pronto estalló detrás de nosotros un enorme proyectil, y en el sitio por el que acabábamos de pasar brotó una columna negra de humo y polvo.
Llenos de miedo, nos agarramos unos de los otros, pero minutos después John Reed estaba radiante. Parecía como si hubiese satisfecho una necesidad imperiosa de su naturaleza.
Así recorría el mundo, de un país a otro, de un frente a otro, de una a otra aventura extraordinaria. Pero John Reed no era simplemente un aventurero, un periodista, un espectador indiferente, un observador impasible de los sufrimientos humanos. Lejos de ello, estos sufrimientos eran los suyos propios. El caos, el lodo, los sufrimientos y la sangre vertida ofendían su sentimiento de la justicia y del decoro. Trataba obstinadamente de descubrir la raíz del mal, para extirparla.
Cuando regresaba a Nueva York de sus andanzas por el mundo no era para descansar, sino para seguir trabajando en defensa de sus ideas. A su vuelta de México declaró: "Sí, México se halla sumido en la revuelta y el caos. Pero la responsabilidad de ello no recae sobre los peones sin tierra, sino sobre los que siembran la inquietud mediante envíos de oro y de armas, es decir, sobre las compañías petroleras inglesas y norteamericanas en pugna..."
Regresó de Paterson para montar en la sala más capaz de Nueva York, en Madison Square Garden, una grandiosa representación dramática titulada "La batairífclel proletariado de Paterson contra el capital".
Trajo de Colorado el relato de los asesinatos de Ludlow, cuyo horror casi superaba al denlos fusilamientos del Lena, en la Siberia. Contó cómo los mineros eran arrojados de sus casas, cómo vivían en tiendas de campaña, cómo estas tiendas eran rociadas de gasolina e incendiadas, cómo los soldados disparaban contra los obreros que corrían, y cómo perecieron entre las llamas una veintena de mujeres y niños. Dirigiéndose a Rockefeller, rey de los millonarios, declaró: "Esas son tus minas, esos son tus bandidos mercenarios y tus soldados. ¡Sois unos asesinos!"
Regresaba de los campos de batalla no con triviales charlas acerca de las ferocidades de tal o cual beligerante, sino maldiciendo la guerra en sí, como una carnicería, un baño de sangre organizado por los imperialismos rivales. En el Liberator, revista progresiva de carácter revolucionario, a la que entregaba gratuitamente sus mejores escritos, publicó un virulento artículo antimilitarista bajo los titulares: "Prepara una camisa de fuerza para tu hijo soldado". Fue llevado con otros autores ante un Tribunal de Nueva York, acusado de alta traición. El fiscal hizo lo indecible por arrancar de los jurados patriotas un veredicto que sirviera de escarmiento; llegó incluso a situar cerca de los edificios del tribunal una banda que estuvo tocando himnos nacionales todo el tiempo que duraron las deliberaciones. Pero Reed y sus compañeros defendieron valientemente sus convicciones. Después de que Reed hubo declarado gallardamente que consideraba como su deber luchar por la transformación social bajo la bandera revolucionaria, el fiscal le dirigió esta pregunta:
-Pero, en la actual guerra, ¿combatiría usted bajo la bandera norteamericana? -¡No! -contestó Reed en forma categórica. -¿Y por que?, a manera de respuesta, John Reed pronunció un discurso apasionado en el que pintaba los horrores de que había sido testigo en los campos de batalla. Su narración fue tan elocuente, tan impresionante, que incluso algunos de los jurados miembros de la pequeña burguesía y ya prevenidos contra los acusados no pudieron contener las lágrimas. Todos los redactores fueron absueltos.
En el momento en que los Estados Unidos entraban en la guerra, John Reed hubo de sufrir una operación quirúrgica. Le extirparon un riñón. Los médicos lo declararon inútil para el servicio militar. La pérdida de un riñón -decía irónicamente- me puede librar de hacer la guerra entre dos pueblos. Pero no me exime de hacer la guerra entre las clases.
En el verano de 1917, John Reed salió apresuradamente para Rusia, donde había percibido, en los primeros combates revolucionarios, la proximidad de una gran guerra de clases.
Un rápido análisis de la situación le llevó a la conclusión de que la conquista del poder por el proletariado ruso era lógica e inevitable. Todas las mañanas, al despertarse, comprobaba, con una pena rayana en la irritación, que la revolución no había comenzado todavía. Por último, el Smolny dio la señal y las masas se lanzaron a la lucha revolucionaria. De la manera más natural del mundo, John Reed se lanzó con ellas. En todas partes, como dotado del don de ubicuidad, se halló presente: en la disolución del parlamento, en el levantamiento de las Barricadas, en el delirante recibimiento tributado a Lenin y a Zinoviev al salir de la clandestinidad, en la caída del Palacio de Invierno... Pero todo esto lo ha referido él en su libro.
Por dondequiera que pasaba iba recogiendo documentos. Reunió colecciones completas de la Pravda y la Izvestia, proclamas, bandos, folletos y carteles. Sentía una especial pasión por los carteles. Cada vez que aparecía uno nuevo no dudaba en despegarlo de las paredes si no podía obtenerlo de otro modo.
Por aquellos días, los carteles aparecían en tal profusión y con tal rapidez, que los fijadores tropezaban con dificultades para encontrar sitio donde pegarlos en las paredes. Los carteles de los kadetes, de los socialrevolucionarios, los mencheviques, los socialrevolucionariós de izquierda y los bolcheviques, eran pegados unos encima de otros, en capas tan espesas, que un día Reed desprendió dieciséis sobrepuestos. Me parece verle en mi cuarto mientras tremolaba la enorme plasta de papel, gritando: "¡Mira! ¡He agarrado de un golpe toda la revolución y la contrarrevolución!"
Fue formando así, por los procedimientos más diversos, una colección formidable de documentos. Tan formidable que, al desembarcar en el puerto de Nueva York, después de 1918, los agentes de la Procuraduría de los Estados Unidos le despojaron de ella. Logró, sin embargo, rescatarla y ponerla a buen recaudo en el cuartucho neoyorquino donde, entre el estruendo de los trenes aéreos y los subterráneos corriendo sobre su cabeza y debajo de sus pies, escribió su libro DIEZ DÍAS QUE ESTREMECIERON AL MUNDO
Como es natural, los fascistas norteamericanos no tenían el menor deseo de que este libro llegase a conocimiento del público. En seis ocasiones se introdujeron en las oficinas de la casa editora, tratando de robar el manuscrito. Una fotografía de John Reed lleva esta dedicatoria: "A mi editor, Horace Liveright, que ha estado a punto de arruinarse por lanzar este libro".
No fue este libro el único fruto de su actividad literaria relacionado con la propaganda de la verdad sobre Rusia. La burguesía no quería, naturalmente, oír hablar de esa verdad. Odiaba y temía a la Revolución rusa, a la que trató de ahogar en un torrente de mentiras. Las tribunas políticas, las pantallas de los cines, las columnas de los periódicos y de las revistas desparramaban oleadas interminables de repugnantes calumnias. Las revistas que antes se desvivían por obtener artículos de Reed se negaban ahora a publicar ni una sola línea escrita por él. Pero no podían impedirle que hablara. Y John Reed tomaba la palabra en mítines donde las multitudes se apretujaban.
Fundó una revista. Se incorporó a la redacción de la revista socialista The Revolutionary Age ("La Edad Revolucionaria") y después a la del Communist. Escribió artículo tras artículo para el Liberator, recorrió el país, participó en conferencias, atiborrando de datos a cuantos le escuchaban, contagiándoles su pasión combativa, su ardor revolucionario. Por último, organizó con su grupo, en el mismo corazón del capitalismo norteamericano, el Partido Obrero Comunista, lo mismo que diez años antes había organizado un club socialista en el propio corazón de la Universidad de Harvard.
Como de costumbre, los "sabios" se habían equivocado. El radicalismo de John Reed había sido cualquier cosa menos un "capricho pasajero", una "travesura de muchacho". Contra sus pronósticos, el contacto con el mundo exterior no había curado a John Reed de sus "locuras". Por el contrario, sólo había servido para reafirmar y reforzar su radicalismo,. Cuan firmes y profundas eran las convicciones de John Reed pudo comprobarlo la burguesía norteamericana leyendo The Voice of Labour, el nuevo órgano comunista que se publicaba bajo la dirección de nuestro autor.
La burguesía de los Estados Unidos comprendió que, por fin, su patria contaba con un auténtico revolucionario. La sola palabra "revolucionario" la hace temblar. Es cierto que Norteamérica ha conocido revolucionarios en el remoto pasado y todavía hoy existen en el país sociedades como las que se adornan con los nombres de Hijos de la Revolución Norteamericana, que recuerdan aquellos tiempos. Es la forma que tiene la burguesía reaccionaria de rendir homenaje a la revolución de 1776. Pero aquellos revolucionarios hace ya mucho tiempo que dejaron este mundo.
En cambio, John Reed era un revolucionario viviente, increíblemente vivo y dinámico, ¡un verdadero desafío para la burguesía! Había que encerrarlo a toda costa detrás de las rejas de la prisión. John Reed fue, pues, detenido y encarcelado. Y no una vez, ni dos, sino veinte veces. En Filadelfia, la policía clausuró el local donde John Reed iba a tomar la palabra en un mitin. John Reed se subió a una caja de jabón y, desde esta tribuna improvisada, en plena calle, habló a un nutrido auditorio. El mitin tuvo tanto éxito, despertó tal simpatía que, detenido el orador por "alteración del orden público", no fue posible convencer al jurado de que pronunciase un veredicto condenatorio. Parecía como si las autoridades de todas las ciudades de los Estados Unidos no se sintieran contentas hasta haber detenido a John Reed una vez por lo menos.
Pero siempre lograba salir en libertad bajo fianza o un aplazamiento del juicio que aprovechaba para ir a librar otra batalla en un nuevo terreno. La burguesía occidental ha hecho ya un hábito el achacar todas sus desgracias y todos sus reveses a la Revolución rusa. Uno de sus crímenes más nefastos es haber sacado de quicio a este joven norteamericano, de dotes tan brillantes, convirtiéndolo en fanático de la revolución. Así piensa la burguesía. La realidad es un poco diferente.
La verdad es que no fue Rusia quien hizo de John Reed un revolucionario. Desde el día en que nació corría por sus venas sangre revolucionaria norteamericana. Por mucho que constantemente y en todas parte se considera a los norteamericanos como gentes orondas y bien nutridas, satisfechas de sí mismas y reaccionarias, todavía circula por sus venas el espíritu de inconformidad y de rebeldía. Basta recordar a los grandes rebeldes de otros días: Thomas Paine, Walt Whitman, John Brown, Parsons. Y ahí están también, en fecha más cercana, los camaradas de armas de John Reed: Bill Haywood, Robert Minor, Rootenberg y Foster. Basta recordar los sangrientos conflictos de los distritos industriales de Homestead, Pullman y Lawrence y las luchas de la I.W.W. Todos ellos -los dirigentes y las masas- eran hombres de pura estirpe norteamericana. Y aunque en la hora actual los hechos parecen desmentirlo, la sangre de los norteamericanos está fuertemente impregnada de espíritu de rebelión.
No vale decir, por tanto, que fue Rusia la que hizo de John Reed un revolucionario. Sí hizo de él, es verdad, un revolucionario consecuente y de mentalidad científica. Este es su mérito. Rusia llevó a su mesa de trabajo los libros de Marx, Engels y Lenin. Le ayudó a comprender el proceso histórico y la marcha de los acontecimientos. Le ayudó a cambiar sus puntos de vista humanistas un poco vagos por los hechos escuetos y rudos de la economía política. Le ayudó a convertirse en un educador del movimiento obrero americano y a esforzarse por situarlo sobre aquellos cimientos científicos en los que él mismo había asentado sus convicciones.
-La política no es tu fuerte, John -le decían algunas veces sus amigos-. Tú no has nacido para propagandista, sino para artista. Debes consagrar tu talento exclusivamente al trabajo literario creador. Reed sentía con frecuencia la verdad de estas palabras, pues en su mente brotaban sin cesar nuevos poemas, nuevos dramas, que buscaban a cada paso su expresión, que aspiraban a revestir forma poética. Y cuando sus amigos insistían en que abandonara la propaganda revolucionaria y se entregara a su pluma, les contestaba sonriendo: Está bien, en seguida os daré gusto.
Pero ni por un memento interrumpía sus actividades revolucionarias. Aquello era superior a sus fuerzas. La Revolución rusa se había adueñado de él en cuerpo y alma, lo cautivaba, lo obligaba, quisiera o no, a someter su temperamento anárquico, vacilante, a la rigurosa disciplina mental del comunismo. Lo había enviado, como una especie de profeta, con la antorcha encendida a las ciudades de Norteamérica. Hasta que, un buen día, la Revolución lo llamó a Moscú para trabajar en la Internacional Comunista por la unificación de los dos partidos comunistas existentes en los Estados Unidos.
Pertrechado con nuevos conocimientos de la teoría revolucionaria, John Reed emprendió un viaje clandestino rumbo a Nueva York. Denunciado por un marinero, lo obligaron a desembarcar y fue recluido en la celda de una cárcel de Finlandia. Desde allí logró llegar de nuevo a Rusia, escribió en las páginas de la Internacional Comunista, reunió documentos para un nuevo libro, fue enviado como delegado al Congreso de los pueblos de Oriente, celebrado en Bakú. Pero habiendo contraído el tifus (probablemente en el Cáucaso) y agotado por el exceso de trabajo, la enfermedad lo abatió, y murió el domingo 17 de octubre de 1920.
Muchos combatientes del temple de John Reed han luchado contra el frente contrarrevolucionario, en los Estados Unidos y en Europa con la misma determinación con que el Ejército rojo peleó frente a la contrarrevolución en la U.R.S.S. Unos han caído víctimas de la furia homicida; otros han enmudecido para siempre en las cárceles; uno perdió la vida en una tempestad desatada en el Mar Blanco, de regreso a Francia; otro se estrelló en San Francisco con el avión desde el que lanzaba proclamas protestando contra la intervención. El asalto del imperialismo contra la revolución ha sido furioso, pero más todavía habría podido serlo de no haber existido estos combatientes.
No cabe duda de que hombres como éstos han contribuido en algo a contener los embates de la contrarrevolución. La Revolución rusa no ha contado solamente con la ayuda de los rusos, los ucranianos, los tártaros y los caucasianos; también han aportado a ella sus esfuerzos, siquiera sea en menor medida, los franceses, los alemanes, los ingleses, los norteamericanos y otros pueblos. Entre estos hombres "no rusos" descuella en primer plano la figura de John Reed, hombre de dotes excepcionales, arrebatado por la muerte cuando se hallaba en la plenitud de sus fuerzas...
Cuando de Helsingfors y de Reval llegó la noticia de su muerte estábamos convencidos, en los primeros momentos, de que era una mentira más de las muchas que salen a diario de las fábricas de falsedades contrarrevolucionarias. Pero cuando Louise Bryant nos confirmó la desconcertante noticia tuvimos que abandonar, pese a nuestro dolor, la esperanza de verla desmentida.
A pesar de que la muerte sorprendió a John Reed en el exilio, desterrado de su patria y condenado a una pena de cinco años de cárcel, la misma prensa burguesa se vio obligada a rendir tributo al artista y al hombre. Un suspiro de alivio se escapó del pecho de los burgueses: ¡John Reed, el gran desenmascarador de sus mentiras y de su hipocresía, el hombre cuya pluma era para ellos un azote, ya no existía!
Los revolucionarios de los Estados Unidos han sufrido una pérdida irreparable. Es muy difícil para los camaradas que viven fuera de Norteamérica calibrar el profundo duelo provocado por su muerte. Los rusos consideran como algo perfectamente natural y lógico el que un hombre muera por sus convicciones. No hay por qué derramar lágrimas sobre una muerte así. Miles y decenas de miles de hombres han dado su vida por el socialismo en la Rusia soviética. En los Estados Unidos, las vidas así inmoladas no abundan. Si se quiere, John Reed fue el primer mártir de la revolución, el que marcó el camino seguido luego por miles. El brusco final de su vida, verdaderamente meteórica, en la lejana Rusia cercada por el bloqueo, fue un golpe terrible para los comunistas norteamericanos.
Un consuelo les queda a sus viejos amigos y camaradas; los restos de John Reed reposan en el único lugar en el mundo donde él quería encontrar su último descanso: en la Plaza Roja de Moscú, al pie de las murallas del Kremlin.
Sobre su nicho se ha colocado una piedra sepulcral a tono con su carácter, una piedra de granito sin pulir en la que aparecen grabadas estas palabras: JOHN REED, DELEGADO A LA TERCERA INTERNACIONAL, 1920.
Comentarios: gacetaproletaria@gmail.com
gacetaproletaria.blogspot.com

martes, 14 de octubre de 2008

viernes, 10 de octubre de 2008

LA CRISIS

LA CRISIS DEL CAPITALISMO JAMAS VISTA
¿ES EL FIN DE LA HISTORIA?

Cuando en 1989 caía el muro de Berlín, después la desintegración de la Unión Soviética y el colapso del campo socialista a principios de los noventas del siglo pasado, el asesor financiero de la Casa Blanca, Francis Fukuyama, elaboró su teoría que llamó “el fin de la historia”, mediante la cual sostenía que, sin oposición al frente y con el colapso de los países que construían el socialismo, el triunfo del capitalismo capitaneado por los Estados Unidos era definitivo y estaba destinado a prolongarse a perpetuidad por los siglos de los siglos.
Hoy, después de pocos años de borrachera triunfalista de los ideólogos de los mercados financieros y el sistema expoliador del capitalismo salvaje la euforia ha terminado. Los comunistas condenados por aquel ideólogo norteamericano a desaparecer de la faz de la tierra pueden sentenciar objetivamente que la crisis actual del sistema financiero internacional será más pronto que tarde el colapso total del capitalismo, y con él, el fin de la historia profetizada por el asesor financiero de la Casa Blanca, pero al revés. El modo de producción económica sentenciado a muerte hoy es otro.
Quiérase o no, estamos ante el umbral de una nueva etapa en la historia de la humanidad, seguramente más luminosa y próspera para los pueblos, porque la convulsión actual obligará a precipitar el porvenir. Cuando la noche es más negra es porque está a punto de un nuevo amanecer. Una nueva etapa que se construirá sobre la misma globalización que nos ha dejado el progreso de la ciencia y la técnica, sólo que ahora será en beneficio de los pueblos y no de los explotadores y saqueadores de los pueblos subyugados.
Las bolsas de valores y el sistema bancario internacional están en caída libre, sin ningún poder sobrenatural que los salve de la catástrofe. En los Estados Unidos, la recesión económica y la crisis de 1929 serán una etapa de progreso comparada con los devastadores escenarios que afrontará el pueblo norteamericano y el mundo entero, pero especialmente los países subdesarrollados con capitalismo dependiente. Ni los cuadros de inteligencia financiera forjados en las altas escuelas del imperialismo norteamericano, como son las universidades de Harvard y la de Yale, en Washington, han sabido explicarse objetivamente el porqué no ha cesado la incertidumbre entre los dueños del dinero, a pesar de que el gobierno de Bush acudió generoso al rescate y llamado de auxilio con 700 mil millones de dólares, con cargo a los impuestos que paga el pueblo. Ni rescates voluminosos a favor del agiotismo y la especulación -que algunos por ignorancia llaman “nacionalizaciones”- ni bajas en los tipos de interés han logrado calmar el pánico de los mercados. Los expertos financieros están fracasando y no encuentran la explicación del terremoto financiero.
La campaña mediática que da a conocer esta crisis está en su clímax, la caja de resonancia aturde a los pueblos con los problemas que hoy afronta el mundo financiero. Se habla mucho y de forma parcial del problema de liquidez del capital especulativo, pero de la infame crisis que vive la clase trabajadora desde hace más de 20 años, soportando sobre sus espaldas una criminal política salarial restrictiva, los accionistas de las bolsas nunca se han acordado, para ellos la crisis apenas ha comenzado. No cabe duda de que en esta lucha de clases cada quien entierra a sus muertos, porque la clase poseedora es sensible sólo al dolor propio, pero insensible ante el ajeno.
A los banqueros y bolsistas los gobiernos neoliberales los rescatan y les resarcen sus pérdidas, ellos no pierden, mientras que los esclavos del salario mínimo lo único que los salva de seguir sufriendo es la tumba. El saqueo de los pueblos se llevará hasta el límite para salvar a los negociantes particulares; en los pueblos la irritación y la violencia social crecerá ante los despojos que sufrirán sus mermados bolsillos. El tiempo de las transformaciones mundiales ha llegado ya.
Comentarios: gacetaproletaria@gmail.com
gacetaproletaria.blogspot.com

sábado, 4 de octubre de 2008

Los últimos estertores de un cadaver

AGONIZA LA DICTADURA DEL CAPITAL FINANCIERO

Un fantasma recorre el mundo; es el cataclismo del sistema financiero internacional liderado por el imperialismo norteamericano el que está provocando el pánico en las bolsas de valores del mundo entero. Los amos y señores del agiotismo, de la usura y la especulación de capitales están nerviosos porque su reinado ficticio está sucumbiendo ante la cruda realidad. La enorme burbuja de los capitales especulativos que subió hasta la cúspide para gobernar desde ahí al capital productivo e imponer su nefasto orden económico sobre el mundo entero ha estallado para no volver a recuperarse.
Ante el descomunal derrumbe financiero y las quiebras históricas de los bancos del imperialismo estadounidense, está actuando apresuradamente la pandilla de administradores que ellos mismos han instalado en los gobiernos para la administración política de sus intereses. En Estados Unidos, lo mismo Bush, Mc Cain u Obama hacen hasta lo imposible por salvar de la bancarrota a sus verdaderos patrones. No importando que el salvamento sea con cargo a los impuestos que paga el pueblo norteamericano; repitiendo la misma y muy conocida receta fondomonetarista empleada en México para rescatar a los banqueros mediante la instrumentación del llamado Fobaproa, el robo más escandaloso en la historia nacional.
La misma receta saqueadora de los pueblos inermes y que ha tomado carta de naturaleza desde que se implantó el reinado de la globalización neoliberal: salvar a los ricos con el dinero de los pobres, privatizando las ganancias y socializando las pérdidas.
Los administradores políticos que sostienen la mundialización de capitales especulativos se baten a duelo para ver quiénes son más “responsables”. Los europeos acusan a la Casa Blanca y al Congreso Norteamericano de irresponsabilidad en el manejo de la crisis; le reclamaron airadamente por el rechazo del Congreso al plan de rescate de 700 mil millones de dólares, presentado por Bush en su primer intento y exigieron asumir su responsabilidad para evitar que la crisis originada en ese país azote a todo el mundo.
El portavoz de la Comisión Europea Johannes Lainterberger le recordó a la Casa Blanca y al Congreso que Europa y sus autoridades sí están cumpliendo con sus responsabilidades, como lo ha demostrado con las numerosas intervenciones que efectuó hace una semana para salvar de la quiebra a un racimo de bancos; por supuesto con el dinero que aporta el pueblo a través de sus impuestos.
Los grandes capitalistas y sus administradores en el gobierno, siempre tan enemigos de la intervención del Estado en la economía, ahora sin el menor recato echan mano de él para resarcir sus pérdidas. Así, el Estado neoliberal es una maquinaria a su exclusivo servicio, y debe ser tan fuerte como sea necesario para garantizar la salvación periódica de los negocios particulares. Hasta que el cansancio de los pueblos ante la sobre explotación y la tiranía termine en una rebelión contra el injusto y caduco orden económico internacional.
La sentencia de Karl Marx en el Manifiesto del Partido Comunista se está materializando: “Las relaciones burguesas de producción y de cambio, las relaciones burguesas de propiedad, toda esta sociedad burguesa moderna, que ha hecho surgir tan potentes medios de producción y de cambio, se asemeja al mago que ya no es capaz de dominar las potencias infernales que ha desencadenado con sus conjuros”.

Comentarios: gacetaproletaria@gmail.com
gacetaproletaria.blogspot.com

sábado, 20 de septiembre de 2008

LA CLASE EMPRESARIAL...

LA DERECHA EMPRESARIAL EN LA POLITICA
EL ARRIBO DE LAS “OPORTUNIDADES”
Y EL SEPELIO DE LA JUSTICIA SOCIAL

Como resultado del progreso en la investigación científica y su aplicación en la industria, a partir de los años ochentas del siglo XX irrumpe en el escenario mundial la Revolución Científico –Técnica. Un fenómeno equiparable en importancia a la Revolución Industrial del siglo XVIII, cuyas consecuencias económicas y políticas habrían de dar como resultado la instauración de la etapa de la globalización; un hecho objetivo e irreversible porque es producto del desarrollo del capitalismo en su última fase y el progreso de la ciencia y la tecnología.


En lo económico, la globalización adquirió el apellido neoliberal porque rescata para su causa las tesis del liberalismo económico del siglo XVIII, válidas para aquél tiempo porque se trataba de superar las trabas que imponía el modo de producción feudal contra el desarrollo del libre mercado y la naciente clase social de la burguesía. La libertad de comercio fue para su tiempo una teoría revolucionaria porque dio muerte al feudalismo; sin embargo, engendró a la vez el origen de los monopolios, mismos que, al fortalecerse e imponer su dominio, sacrificaron la misma libertad que les dio origen. La misma doctrina de libre comercio, de haber surgido con carácter revolucionario, se convirtió en contrarrevolucionaria en la época actual marcada por el dominio de los monopolios. Quienes defienden hoy en día esa “libertad”, convalidan consciente o inconscientemente la hegemonía y el dominio que imponen sobre el mundo globalizado; lo que resulta en una dictadura económica que nada tiene que ver con la hoy inexistente libertad de comercio.

En lo político, la globalización neoliberal dio como resultado un mundo unipolar dominado por los Estados Unidos. Con la desaparición de la Unión Soviética el campo socialista se vio reducido a su mínima expresión, y los partidos obreros y comunistas sufrieron los embates del capitalismo salvaje fortalecido y sus personeros; algunas organizaciones involucionaron hacia la socialdemocracia y otros desaparecieron. La enorme capacidad adquirida de la industria para producir bienes y servicios, gracias a los progresos de la ciencia y la tecnología, resultó en un fortalecimiento de los partidos de la derecha en todo el mundo. Este fue el hecho que les suministró oxigeno y los catapultó a tomar el poder en la mayor parte del mundo. El péndulo de la historia abandonaba la izquierda, los movimientos progresistas y los “centros” ideológicos y se encaminó a derechizar al mundo bajo el mismo manto doctrinario; lo fue unificando con las mismas reglas e intereses, las del capital financiero y los monopolios transnacionales, fortalecidos exponencialmente a raíz del aumento de la capacidad productiva de las tecnologías de punta aportadas por la revolución científico-técnica.

Los cambios operados en el mundo llegan también a México y se lleva a cabo el desplazamiento de las fuerzas políticas que detentan el poder. El proceso revolucionario y el hilo conductor que lo conduce concluyeron en 1982, al llegar al poder una nueva casta de políticos formados como cuadros dirigentes en las altas escuelas del imperialismo norteamericano. Llegan empapados de la doctrina monopolista y decididos a modificar el modelo de desarrollo imperante en la época, con el fin de entregar la conducción del país de manera franca y abierta a la derecha tradicional, hecho que sucedió finalmente en el año 2000 con el arribo de Vicente Fox y la camarilla reaccionaria de la derecha empresarial.

Un largo camino tuvo que recorrer la derecha empresarial para tomar el poder, pues la mayor parte del siglo XX tuvieron que luchar en oposición a un vigoroso Estado que imponía en sus programas de gobierno el proyecto social surgido de la Revolución Mexicana. Como una primera reacción de la clase adinerada contra el Constituyente de Querétaro, surgió en 1917 la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio (CONCANACO), y la Confederación de Cámaras Industriales (CONCAMIN) en 1918. Después, los industriales de Monterrey, más consolidados e independientes, fundaron en 1929 la Confederación Patronal de la República Mexicana (COPARMEX). Nuevas reacciones frente al gobierno progresista del Presidente Adolfo López Mateos los llevaron a crear el Consejo Nacional de la Publicidad, el 24 de noviembre de 1959, y el Consejo Mexicano de Relaciones Públicas, en 1962, que más tarde sería el Consejo Mexicano de Hombres de Negocios (CMHN). El disgusto empresarial por la nacionalización de la industria eléctrica en 1960 era patente; redactaron un documento y lo suscribieron la CONCAMIN, la CONCANACO, la COPARMEX y lo hicieron público para preguntar “¿por cuál camino señor presidente?” De esa manera plantearon su disgusto y protestaron por la política económica de López Mateos de clara tendencia patriótica y nacionalista.

Sin embargo, a pesar de haberse organizado varios sindicatos empresariales para hacer efectiva la lucha de clases y hacerle frente a la política estatal de nacionalizaciones, desde el interior del CMHN surgió la idea de organizarse en una cúpula de cúpulas, en un Estado Mayor representativo de toda la iniciativa privada y sus intereses clasistas, con capacidad suficiente para ofrecer la mayor resistencia a la política social y económica, tutelar y paternalista del Estado surgido de un proceso revolucionario victorioso. Necesitaban ese Estado Mayor para alinear en un solo ejército a los empresarios más poderosos y al conjunto de organizaciones sectoriales dispersas de los hombres de negocios; así surgió el Consejo Coordinador Empresarial (CEE) en 1975.

El último campanazo del nacionalismo revolucionario fue la nacionalización de la banca el primero de septiembre de 1982, por el Presidente José López Portillo, durante su sexto Informe de Gobierno; hecho que causó la histeria de las clases privilegiadas aglutinadas por el Consejo Coordinador Empresarial. Se sintieron heridos en lo más profundo de sus intereses y en su desahogo organizaron un golpe de estado mediático a nivel nacional e internacional para condenar al régimen que -decían- se encaminaba al comunismo.

Ese descontento que se vivía en las filas empresariales y su continua guerra contra el poder público, fue uno de los factores determinantes que obligaron a Miguel de la Madrid a realizar concesiones en su favor, desde el momento mismo en que organizó la composición de su gabinete. Con el fin de dar gusto a la IP incluyó en su equipo a Carlos Salinas de Gortari, como cabeza visible de un grupo de tecnócratas neoliberales educados en los Estados Unidos. Tales concesiones fueron las que abrieron la puerta a otra clase de políticos que llegaron al poder con la finalidad de aplicar las recetas fondo monetaristas globalizadoras, y combatir al mismo tiempo a nuestro proceso revolucionario y su vía nacionalista de desarrollo. Mediante esa intervención fue cambiando el carácter del Estado posrevolucionario para transformarse en una herramienta al servicio exclusivo de la clase empresarial del país.

La nacionalización bancaria y las concesiones obtenidas de la mano de Miguel de la Madrid, representaron un parteaguas de la historia contemporánea del país; con la nacionalización terminó la preponderancia del Estado posrevolucionario y comienza la actitud obsequiosa y proclive con la reacción. Los empresarios en esa coyuntura favorable comenzaron a mostrar ánimo por incursionar en la vida política del país, ya no sólo desde afuera, sino desde adentro. Con la postulación de Manuel Clouthier en 1988, apareció el primer empresario en contender por la presidencia de la república bajo las siglas del PAN. En ese camino la COPARMEX y la CONCANACO se constituyeron como los principales semilleros de empresarios con miras a ocupar algún cargo en el aparato gubernamental.

En 1991 ya los empresarios habían llegado hasta la cocina en el desplazamiento de la clase política. A invitación de Carlos Salinas, en ese año se creó la Coordinadora de Organismos Empresariales para el Comercio Exterior (COECE), con la encomienda de crear el proyecto y asesorar directamente al gobierno en las negociaciones de la apertura comercial y la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

Cada vez es mayor el número de empresarios que participan en los procesos electorales mediante las siglas del PAN y del PRI; desde presidentes municipales, diputaciones locales, gobernadores, diputados federales y senadores. Los hombres de empresa también participan en la función pública por designación. Por ejemplo, secretarios de finanzas, de fomento económico y de otras secretarías de gobiernos estatales y municipales. El momento cúspide de la participación del sector privado se presentó durante la administración del presidente Vicente Fox, en donde gran parte de las secretarías de estado quedaron en manos de empresarios o de funcionarios de empresas. Entre ellos, figuró Raúl Muñoz Leos como Director General de PEMEX ; Fernando Canales Clariond en la Secretaría de Economía; Javier Usabiaga en la Sagarpa; Pedro Cerisola en la Secretaría de Comunicaciones y Transportes; Ernesto Martens en la Secretaría de Energía; y Carlos Abascal Carranza en la Secretaría del Trabajo y posteriormente en la de Gobernación.

En el 2006, ante la alta posibilidad de que las fuerzas patrióticas y nacionalistas llegaran a la presidencia de México mediante la postulación de Andrés Manuel López Obrador, la virulenta y agresiva participación del empresariado en el proceso electoral alcanzó su mayor clímax. De esta forma, ante la posibilidad real de que arribara un gobierno con tesis distintas a las suyas, el Consejo Coordinador Empresarial atacó desde sus posiciones lanzando una campaña negra de desprestigio contra el candidato que representaba “un peligro para México”…y sus bolsillos. Los empresarios colocándose en la primera línea de combate, en defensa de sus “sagrados” intereses, lograron evitar el arribo de un régimen con un modelo económico diferente a la dictadura del capital que ellos han sostenido en su beneficio por varios sexenios.

En la actualidad, el 10 por ciento de la composición de la LX Legislatura del Congreso de la Unión son o tienen antecedentes empresariales. Ocupa una curul, por ejemplo, Gerardo Aranda ex líder de la COPARMEX; Raúl Padilla Orozco expresidente de la CONCANACO; Edmundo Javier Bolaños, vicepresidente de la Asociación Nacional de Empresas de Agua y Saneamiento de México; Carlos Augusto Bracho González, de la Cámara de Comercio de Torreón, y Gerardo Buganza Salmerón, de la Asociación de Industriales del estado de Veracruz. También son diputados, Beatriz Collado Lara, de la CANACO de Altamira Tamaulipas; Cristian Castaño Contreras, de Jóvenes Empresarios por México; Martha Margarita García Muller, de la Asociación de Mujeres Mexicanas Jefas de Empresas; Ángel Rafael Deschamps Falcón, de la CANACINTRA, sólo por citar algunos.

A pesar de que durante los últimos cuatro sexenios los gobiernos neoliberales han trabajado solo para ellos, aún no están conformes, su avaricia es insaciable. El Presidente de la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Luis Antonio Mahbub, afirmó que, pese a la “importante colocación estratégica de empresarios en el aparato gubernamental, es necesario agrandar más ese espectro, a fin de que las voces de los empresarios sean escuchadas. Es muy importante que el sector empresarial se involucre en la actividad política, sin duda uno de los actores importantes de este país en la actividad productiva. Los empresarios son los que sufren, los que arriesgan, entonces tener gente dentro de la política que conozcan la actividad empresarial es importante para alcanzar los equilibrios, por ello decimos que es positivo”.

Tal es pues la ideología que se apropió del Estado mexicano a partir de 1982, y tales son sus resultados. Impusieron en el pueblo la idea de que los cuadros políticos que se forjaron a lo largo del régimen posrevolucionario no sabían gobernar; que el gobierno es malo para administrar, y por tanto, la salvación del pueblo sería la participación de los empresarios en la conducción política del país. El Estado benefactor y paternalista contra el cual dirigieron sus baterías desapareció para dar paso a un Estado con otro carácter, igual de benefactor y paternalista pero ahora en beneficio de los empresarios. Se instituyó el principio rector del neoliberalismo: sacrificar los bienes públicos en aras del interés privado y socializar las pérdidas para privatizar las ganancias. Ejemplos hay muchos, pero los podemos ilustrar de manera sobrada con los siguientes: el rescate bancario llamado FOBAPROA; el rescate carretero; la privatización del ejido y la privatización de la banca.

Como era de esperarse, al cambiar el modelo de desarrollo se concentró la riqueza en pocas manos y aumentó la pobreza; la desigualdad social se disparó haciendo más profundo el abismo que separa a ricos y pobres. Tenemos en México al hombre más rico del mundo, Carlos Slim, y sumidos en la miseria a 60 millones de mexicanos, de los cuales se alimenta el caudaloso río de emigrantes que escapan del infierno que les ofrece el paraíso de las “oportunidades”, yéndose a buscar trabajo a los Estados Unidos. Estos son los resultados del “cambio”, de la transformación profunda que opera en nuestro país desde hace cuatro sexenios.

En la conducción del pueblo cambió la ideología, cambiaron los principios, los conceptos y las formas; cambió todo pero en sentido involutivo. Los programas gubernamentales del período posrevolucionario fueron inspirados en la búsqueda de la justicia social, cuando el país crecía a un ritmo promedio anual del 6 por ciento del PIB; al llegar al poder los empresarios de derecha se inspiraron en el concepto “oportunidades”, lo cual es diametralmente opuesto a la justicia social. Oportunidad es un término propio en los juegos de azar, no en la política, pero a la derecha le pareció perfecto asociarlo a la realidad que vive el país. Para que un obrero tenga un buen nivel de vida con empleo digno y bien remunerado, es necesario tener suerte en el sorteo de las “oportunidades” que nos ofrece la derecha empresarial en el gobierno.

Tal es el degradante concepto que permea entre la clase política neoliberal; la caridad, la dádiva y las migajas, no lo que en justicia corresponde a quienes generan la riqueza en base a su esfuerzo diario. Porque las convicciones empresariales que hoy dirigen al país no saben de demandas sociales sino de ganancia, avaricia, lucro y especulación. Lo que la clase trabajadora exige es justicia económica, no la ruleta de las “oportunidades”. Hay que ponerle fin a esa degradación aberrante de la ciencia social que se encarga de dirigir el desarrollo de la sociedad; pongámosle fin a la bisutería de la política.

Comentarios: gacetaproletaria@gmail.com
gacetaproletaria.blogspot.com

¿Por qué Morelia...

¿Por qué Morelia y no Guanajuato?
Los Escuadrones de la Muerte ya están aquí

En Morelia, capital del estado de Michoacán, la cuna del prócer inmortal de la independencia José Ma. Morelos y Pavón; tierra del gran ideólogo de la Reforma Don Melchor Ocampo y del patriota general Lázaro Cárdenas del Río, se vio envuelta en una tragedia que no tiene referente en la historia contemporánea del país. Estando el pueblo reunido, en pleno fervor patrio esa noche del 15 de septiembre, honrando y vitoreando a los héroes que nos dieron patria, manos asesinas guiadas por las fuerzas oscuras de la ultraderecha arrojaron dos granadas de fragmentación, provocando la muerte a 8 personas y quedando heridas más de un centenar por las esquirlas recibidas.
Este hecho delictivo no es un ajuste de cuentas entre las bandas de narcotraficantes ni es terrorismo sin causa, es un crimen con clara motivación política. ¿Cuál es el cuadro social que enmarca la tragedia de Morelia? Cada día que pasa aumentan más los escenarios adversos a la permanencia de la derecha en el poder; se ve muy difícil que concluya su sexenio. La espiral de la violencia social tomó carta de naturaleza en nuestro país; en los medios de comunicación se habla abiertamente de las distintas vías que puede utilizar Calderón para abandonar el poder. En la Cumbre por la Seguridad y la Legalidad, celebrada el pasado 30 de agosto, el señor Alejandro Martí, hablando en representación de la clase empresarial, le dijo directamente y sin tapujos al ocupante de Los Pinos, que si no puede proteger sus vidas y su dinero que renuncie, y le puso un plazo de cien días. Esto es un indicativo del descontento empresarial -sector que lo llevó al poder- contra el gobierno y su clara disposición a recibir la renuncia de su empleado si no puede con el paquete. Desde esa velada amenaza empresarial, cada día que transcurre Calderón se va quedando sólo y sin el apoyo de quienes lo pusieron al mando del país.
Los empresarios del país reclaman amenazantes, al mismo tiempo que la ultraderecha conservadora recibe un golpe demoledor con la resolución definitiva de la Suprema Corte de Justicia que declaró la validez constitucional de la Ley del Aborto, promulgada por el gobierno del DF. Con ello, la mochería conservadora se sintió agraviada en lo más profundo, y según sus propias declaraciones, no dudará en recurrir a otras medidas a su alcance para echar abajo las disposiciones legales en torno al aborto. Han declarado con la espada desenvainada que la lucha no ha terminado.
Mientras tanto, el pueblo sigue organizando su lucha contra la oprobiosa dictadura neoliberal que lo ahoga en la miseria. Como resultado del fraude electoral de 2006 surgió el Frente Amplio Progresista (FAP), con el propósito de institucionalizar la resistencia y darle mayor fuerza. Y siguiendo en la misma estrategia unitaria, hace apenas unos días se dio a conocer la noticia de la integración del Movimiento de Liberación Nacional (MLN), donde participan más de 40 organizaciones de izquierda y del sector progresista, el cual buscará con la organización y la movilización política y social, construir un nuevo proyecto de nación, mediante el cumplimiento de la Constitución y el desplazamiento del actual régimen de gobierno y las camarillas políticas, militares y empresariales que las sostienen.
Anunciaron los participantes del MLN, que como parte de sus primeras acciones convocarán a un paro patriótico para octubre próximo, con el propósito de impedir la privatización de los recursos energéticos. Tanto el FAP como el MLN, constituyen dos movimientos populares enmarcados en la línea estratégica y táctica de nuestra experiencia histórica y enarbolada brillantemente por el maestro Vicente Lombardo Toledano, el cual consiste en la organización del Frente Nacional Democrático y Patriótico para vencer a los enemigos de los intereses de la nación.
Este es el cuadro social que estamos viviendo: espiral inflacionaria e irritación social; violencia generalizada; inconformidad manifiesta del empresariado contra su propio gobierno; el oscurantismo es golpeado por la resolución de la SCJN, que reitera que es legal el aborto y; el pueblo se organiza para defender el patrimonio nacional y para desplazar a la derecha del poder.
La tragedia de Morelia debemos entenderla como una reacción lógica de los grupos radicales de ultraderecha, ante la posibilidad de perder el poder; es la respuesta desesperada al signo de la debilidad del gobierno que se cae. Queda descartado que los autores de la masacre sean vulgares narcotraficantes, a quienes el gobierno culpará de inmediato tratando echar una cortina de humo para tapar y proteger a los verdaderos culpables, porque saben que surgen de sus propias filas. Queda descartado, también, que los autores sean grupos subversivos de izquierda, porque éstos atacan solamente objetivos militares y policiacos, o puntos estratégicos de la economía del país y los reivindican con el fin de que no se culpe a inocentes; nunca van contra los civiles.
Por el contrario, los escuadrones de la muerte, como los que están actuando ahora mismo en Bolivia, matando civiles por el sólo delito de apoyar al gobierno de Evo Morales; como los que actuaron financiados y organizados por la contrarrevolución para combatir al sandinismo, lo mismo en el Salvador, son de ideología ultraconservadora y no dudan en dirigir sus ataques contra la misma población civil, en el afán de amedrentar y frenar el apoyo del pueblo a las luchas libertarias. Son ellos también los que se ocupan del descabezamiento de movimientos sociales.
La motivación política de los francotiradores de la ultraderecha, en clara advertencia eligió Morelia para consumar la masacre, por ser la cuna del cardenismo histórico, y “casualmente” ser un estado gobernado por el PRD desde hace varios lustros; no podría haber sido otro lugar. La rúbrica de los escuadrones de la muerte fue para decirle a los adversarios ¡Aquí estamos para defender a Calderón! Ese acto de barbarie debe de entenderse como un claro mensaje a López Obrador, al Frente Amplio Progresista, y al recién constituido Movimiento de Liberación Nacional. La contrarrevolución ya mostró sus armas.
Comentarios: gacetaproletaria@gmail.com
gacetaproletaria.blogspot.com

sábado, 13 de septiembre de 2008

EL GRITO DE DOLORES Y EL GRITO QUE VIENE

LA DIALECTICA DE NUESTRO PROCESO REVOLUCIONARIO

En cierto grado de su desarrollo, las fuerzas productivas de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes y con las relaciones de propiedad, en el seno de las cuales estas fuerzas productivas se habían movido hasta entonces. Llegado a este punto, tales relaciones, que en otro tiempo constituían las formas del desarrollo de las fuerzas productivas, se convierten en obstáculos para éstas. El cambio de la base económica mina entonces, con más o menos rapidez, toda la superestructura y se produce la revolución, el choque entre las formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas y filosóficas que prevalecen, y el nuevo régimen económico que pugna por abrirse paso.

Para que los pueblos puedan lograr avances positivos en el proceso de su evolución histórica, necesitan promover determinados sacudimientos, alterar en alguna forma la “tranquilidad” de la sociedad imperante. En ninguna etapa de la historia de la humanidad, los pueblos han podido superar su nivel de vida mientras han permanecido aparentemente estáticos. Los fenómenos sociales no se producen de manera esporádica ni espontánea o por razones casuales, sino en la medida en que las masas acumulan fuerzas, se producen causas que provocan efectos. Todas las manifestaciones de las luchas sociales obedecen a explosiones que se presentan cuando se ha colmado la paciencia y el aguante de los pueblos. En el caso de México, después de tres siglos de esclavitud y coloniaje, fue en la madrugada del 16 de septiembre, de 1810, con el grito de Dolores del cura Miguel Hidalgo y Costilla, cuando la nación abrió sus labios y empuñó la espada para ser oída.

Al principio se organizó un movimiento a favor de la independencia en Valladolid, pero rápido fue sofocado, sin embargo pronto surgieron otros al frente de Ignacio Allende, el corregidor Domínguez y su esposa Josefa, Abasolo, Aldama y Don Joaquín Arias. El más importante fue el de Querétaro organizado por el corregidor Domínguez, a esta se le unieron intelectuales, oficiales y parte del bajo clero; este grupo estaba formado por el presbítero Sánchez y los licenciados Parra, Altamirano y Laso, así como el capitán Arias. Las reuniones aparentaban ser culturales en la casa de Parra.

Sabiendo que el pueblo mexicano era un fiel seguidor de la iglesia, pensaron en invitar a un sacerdote a fin de convencer a todo el pueblo, por eso Allende propuso a Miguel Hidalgo y Costilla quien era cura de Dolores. Se tenía pensado comenzar el movimiento de independencia el 2 de octubre en San Juan de los Lagos (Jalisco), pero por denuncias hechas ante las autoridades por Mariano Galván, fue necesario adelantarla en septiembre. La corregidora le avisó a Ignacio Pérez y a Aldama que la conspiración había sido descubierta; estos marcharon a avisarle a Allende, y en Dolores fue Miguel Hidalgo quien decidió iniciar la lucha inmediatamente. Primero pusieron en libertad a los presos, aprehendieron a los españoles peninsulares que se encontraban en la población. Luego a las cinco de la mañana del 16 de septiembre de 1810, se llamó a misa, el pueblo acudió al llamado y con el grito de ¡Mexicanos, viva México!, ¡Viva la Virgen de Guadalupe!, ¡Viva Fernando VII y muera el mal gobierno!, Hidalgo incitó al pueblo a levantarse contra los españoles.

Llegando a San Miguel se les unió el ejército de Dragones de la Reyna, y partieron hacia Celaya, donde Hidalgo fue nombrado General del ejército, Allende fue nombrado teniente y Aldama Mariscal, esto con el fin de organizar un poco el contingente. De ahí salieron hacia Guanajuato y en medio de una fuerte lucha entraron a la Alhóndiga de Granaditas y tomaron la ciudad. Luego se dirigieron a Valladolid, ciudad que fue tomada sin ninguna lucha, ya que el ejército que iba a apoyar a los españoles fue sorprendido por el ejército insurgente. Ahí Hidalgo dio las primeras reformas sociales, aboliendo la esclavitud y suprimiendo el pago de tributo de las castas y las cargas, lo que hizo que más gente se le uniera.

Cuando se dirigían a la capital derrotan a las fuerzas españolas al mando de Torcuato Trujillo en el Monte de las Cruces. Allende decide ir a Guanajuato e Hidalgo marcha hacia Valladolid y luego hacia Guadalajara, donde organizó el primer gobierno el cual tuvo dos ministros: Ignacio López Rayón, a cargo del Estado, y José María Chico, en Gracia y Justicia, quedando Hidalgo como magistrado supremo de la nación. También se hizo la primera reforma agraria en la cual se manifestó que los indígenas eran propietarios de la tierra, se suprimieron los tributos y se confirmó la libertad de los esclavos. En Guadalajara se les une Allende y Abasolo, sin embargo fueron derrotados y el ejército insurgente se dispersa. Hidalgo y los demás jefes salieron rumbo a Aguascalientes, y durante el trayecto Hidalgo fue despojado de su cargo de primer magistrado, el cual fue otorgado a Allende. Después decidieron dirigirse a Estados Unidos con la finalidad de pedir ayuda económica y armas.

Elizondo, que era el jefe del movimiento libertador en Coahuila, los traicionó y fueron arrestados en Acatita de Baján (Las Norias). Hidalgo, Allende, Aldama y Jiménez fueron juzgados y condenados a morir fusilados: luego de ser fusilados los decapitaron y sus cabezas las pusieron dentro de jaulas y las colgaron en las cuatro esquinas de la Alhóndiga de Granaditas. La muerte de estos caudillos marcó el final de la primera etapa de la lucha por la independencia.

Hoy el pueblo está a punto de dar un nuevo grito como aquel de Dolores, hace casi dos siglos, por el cura Miguel Hidalgo; los escenarios se están configurando rápidamente para un nuevo grito de inconformidad social, ahora contra la dictadura neoliberal que ahoga al pueblo en la más insultante miseria. La profunda desigualdad social que se vive desde que arribó la ideología de la derecha al poder ha hecho de nuestro país un campo fértil donde la violencia de todo género se está reproduciendo igual o más que en los tiempos previos a la Revolución de Independencia y la Revolución Mexicana.

La distribución de la riqueza hoy en día se encuentra igual o peor que en la antesala de las revoluciones libertarias citadas. Las clases privilegiadas sostienen un modelo económico capaz de producir la fortuna más grande del mundo en manos de un solo hombre, como es el caso de Carlos Slim, y el estado de descomposición que priva en la maquinaria del Estado neoliberal a su servicio es fatal. El pastel de la riqueza está siendo engullido casi totalmente por los poseedores y su aparato administrativo en perjuicio de los desposeídos.

De acuerdo a las cifras del Banco Mundial, la corrupción de servidores públicos representa para el pueblo de México un costo de 60 mil millones de dólares anuales, es decir, cuatro veces los ingresos por exportaciones petroleras y nueve por ciento del Producto Interno Bruto (PIB). Pero este Estado además de corrupto es también violento. Uno de sus secretarios, Agustín Cartens, titular de hacienda, de manera totalmente impune se burla del pueblo anunciando el aumento semanal a las gasolinas. Bien sabido es, que se trata de presionar al pueblo mediante esa medida para que acepte la privatización de la industria petrolera impulsada por Calderón, pero esa provocación y arrogancia equivale a jugar con cohetes en una gasolinera. Otro ejemplo de esa violencia del Estado es, la criminal política salarial que sostiene el régimen a sabiendas de que es anticonstitucional y no resuelve las necesidades del trabajador. El salario mínimo es un crimen perpetrado por un régimen violento que en aras de servir a los poseedores roba el bienestar a las clases mayoritarias de la población.

Ante estas reiteradas agresiones el pueblo ha manifestado su protesta por diferentes vías; buena parte de la sociedad ya escogió el camino de la violencia para satisfacer sus propias necesidades. Eso es lo que nos dice el hecho de que del universo de los doce millones de delitos que se cometen al año -según la CNDH-, la gran mayoría son delitos de naturaleza patrimonial (robos); sólo una ínfima parte de ellos son delitos de alto impacto cometidos por la delincuencia organizada. Esto nos demuestra que la violencia que vive el país no es un problema de mala conducta del pueblo, corregible en la medida en que se termine con la “impunidad”. En definitiva, no, La violencia en su mayor proporción, es un problema de la desigualdad social, de pobreza e injusticia material.

El ánimo colectivo no es para menos, hasta aquellos ciudadanos que votaron de buena fe por la derecha hoy se sienten defraudados y arrepentidos. Porfirio Muñoz Ledo afirma en una de sus columnas de prensa, respondiendo a sus detractores que lo acusan de tratar de derrocar a Calderón, que “hoy vivimos tiempos de transición que no de revolución”, (niega la necesidad de la revolución); para él los caminos expeditos para que Calderón salga del poder son: la renuncia, el juicio político y la revocación de mandato. Es decir, destaca la vía pacífica, igual Andrés Manuel López Obrador ha sido reiterativo en señalar que su movimiento es pacífico, que sus logros se han obtenido sin romper un solo vidrio.

Hay quienes afirman de manera superficial, que si el año 2000 se pudo dar un cambio pacífico, porqué no habría de darse de ése modo nuevamente. Lo que sucede es que, con el arribo del PAN y Vicente Fox al poder no se dio ningún cambio cualitativo del régimen, fue la profundización del mismo modelo mediante otras siglas y personas, el cual venía funcionando desde 1982. Por eso se llevó a cabo el supuesto cambio en forma “civilizada y pacífica” Existe una enorme diferencia cualitativa entre los procesos electorales de 1988 y 2006, con el del año 2000. Las victorias populares de Cuauhtémoc Cárdenas y López Obrador significaban un verdadero cambio progresista, que desplazaría a las clases directoras imperantes y sus privilegios; a ellos nunca se les hubiera entregado la conducción del país. Si no hubieran prosperado los fraudes electorales, hubieran pasado a tomar las armas con tal de defender su permanencia en el poder. En el 2000 no peligraba ningún interés económico ni político, por eso se llevó a cabo el intercambio del poder sin sobresaltos porque se trataba de la misma familia neoliberal.

La paz social es inexistente; nadie puede cancelar la vía de la violencia por decreto, máxime cuando ya está entre nosotros. Pero las fuerzas del progreso social que promueven el cambio de régimen como requisito indispensable para abrir la puerta a las rectificaciones nacionales, no promueven el golpe de Estado para lograrlo, aunque el cambio pacífico en un país ya violento y convulsionado como el nuestro resulte cada vez más difícil, si tomamos en cuenta el acotado régimen democrático y los escandalosos fraudes electorales. El golpe de Estado, generalmente es la vía que utilizan las clases privilegiadas para recuperar el poder cuando el pueblo ha tomado la soberanía de su destino en sus manos; recordemos los golpes de Estado cometidos contra Francisco I. Madero, y Salvador Allende, en Chile.

Que los lacayos del régimen de derecha entiendan, esos que se quejan de que los quieren derrocar; es ilógico que quienes preconizan la superación de esta larga noche de esclavitud y miseria promuevan un golpe de Estado, el cual es un movimiento sin sustento popular. Por el contrario, lo que necesitamos en estos momentos es construir un golpe del pueblo contra la dictadura neoliberal, que se constituya en la cuarta etapa de nuestro proceso revolucionario. Igual que el grito de Dolores es el grito que se ve venir.

Comentarios: gacetaproletaria@gmail.com

gacetaproletaria.blogspot.com

viernes, 5 de septiembre de 2008

VALORES COLECTIVOS POR ENCIMA DEL INDIVIDUALISMO

LOS NIÑOS HEROES Y LOS VALORES PATRIOS
El mes de la patria es fecha propicia para reflexionar acerca de los antecedentes que dieron origen a esta conmemoración con la que cada 13 de septiembre se rinde homenaje a los niños héroes de Chapultépec. Los antecedentes se hunden en un largo pasado. México, nuestro país, había venido siendo acechado durante muchos años por los sureños esclavistas norteamericanos, porque ambicionaban extender sus territorios y adueñarse de la tierra mexicana para convertirla en inmensos criaderos de esclavos.
De esa ambición se deriva la brutal guerra, injusta e inicua que el gobierno de los Estados Unidos impuso a México en 1846, valiéndose de mil argucias y pretextos, con la cual el agresor nos arrebató, después de mil sangrientas batallas, más de la mitad del territorio nacional. Muy poco se ha dicho y escrito sobre la defensa heroica de las tropas mexicanas para impedir el avance de los norteamericanos que, en desigual número, se adentraban cada vez más en nuestro inmenso y casi deshabitado territorio.
Los ciudadanos saben poco acerca de los combatientes de la Angostura, de los defensores de Monterrey; del Teniente Coronel de Artilleros Juan Nepomuceno Cano; acerca del heroico coronel Felipe Santiago Xicotencatl y su glorioso Batallón de San Blas; acerca de los anónimos soldados que lucharon ferozmente contra los norteamericanos en la batalla de Molino del Rey, en Casamata y en las mismas faldas del cerro de Chapultépec; acerca de los irlandeses del Batallón de san Patricio que, perteneciendo a las fuerzas invasoras, al descubrir que habían sido reclutados con engaños y la enorme injusticia que se cometía contra México, se unieron en la defensa de nuestro suelo. 30 de ellos fueron ahorcados, formando una macabra avenida de colgados, y otros fueron marcados en la mejilla con un hierro al rojo vivo, en el mismo momento en que se izaba el pabellón norteamericano en sustitución de nuestra sagrada bandera nacional.
La gloriosa epopeya de la defensa del Castillo de Chapultépec, dice en su obra el general Juan Chavarri, se inicia el 7 de septiembre de 1847. Pelean bravamente los Guardias Nacionales de Oaxaca, al mando del valiente general Antonio León, apoyados por el Batallón de Artillería Mina, a las órdenes del aguerrido y patriota Coronel Lucas Balderas; por Echegaray y sus valiosas tropas, poniendo en fuga a los norteamericanos. Combate también con valor admirable el Coronel Felipe Santiago Xicotencatl, al mando del heroico batallón de San Blas, continúa el combate y lo que parecía el principio de una victoria se fue transformando en derrota.
Los cadetes del Colegio Militar, jóvenes casi niños, esperaban con impaciencia su turno. Hay órdenes y contraórdenes, reina la confusión; se oyen las voces de los soldados norteamericanos. Agustín Melgar, al ser perseguido, se parapetó y rompió fuego hasta que las balas norteamericanas lo acribillaron y las bayonetas cruzaron su cuerpo, murió el 14 de septiembre. Vicente Suárez, uno de los más niños del Colegio, de pequeña estatura, sucumbió en desigual combate de bayoneta con soldados norteamericanos. Montes de Oca, fue fusilado desde la azotea, al saltar por la ventana del Castillo para reunirse con sus compañeros que habían salido poco antes. Juan de la Barrera, Teniente de Ingenieros, murió dignamente en su puesto de combate, cumpliendo la comisión de cuidar las fortificaciones del Castillo.
Juan Escutia, en un acto heroico inmortal, arrió la Bandera Nacional y pretendiendo salvarla de las manos enemigas, saltó al vacio. Su cadáver, junto con el de Márquez, fueron encontrados acribillados a tiros. Yacían en la falda situada al este del Castillo. Esta gesta inmortal de los defensores de México está enraizada en lo más profundo de la conciencia de los mexicanos, y no rendirles merecido homenaje equivale a fortalecer la moral del invasor. Por eso nuestra aversión a todo lo que signifique imperialismo, sinónimo de explotación, sumisión y lágrimas.
En la actual entronización de la dictadura neoliberal de derecha, resulta un deber insoslayable de todo mexicano comprometido con su tiempo, combatir por todos los medios a nuestro alcance la exacerbación de los valores que promueve el individualismo empresarial, los cuales persiguen el insano propósito de sepultar la memoria histórica y los valores colectivos que garantizan la cohesión y la integridad de la nación frente a los actuales apetitos imperiales. Frente a la promoción del olvido, una de las batallas más importantes en este momento consiste en fortalecer en nuestro pueblo los valores patrios que hablan de la justicia social, de nuestro acendrado nacionalismo, de nuestra soberanía e independencia, como categorías indispensables de toda nación libre de su ser y de su hacer. Es nuestro deber defender con gallardía los valores nacionales, mismos que fueron elevados a la categoría de normas constitucionales por el Constituyente de Querétaro, el mayor fruto de la sangre derramada durante la Revolución Mexicana.
Las avanzadas tesis contenidas en el artículo tercero de nuestra Carta Magna -aún vigentes- , obligan al Estado mexicano a “desarrollar armónicamente todas las facultades del ser humano y fomentar en él, a la vez, el amor a la patria y la conciencia de la solidaridad internacional, en la independencia y la justicia”. Esto es, los valores patrios por encima del individualismo que promueven las leyes del mercado y el Estado neoliberal.
Es una obligación de las fuerzas sanas de México promover los valores colectivos en las presentes y futuras generaciones, con el propósito de fortalecer nuestra identidad y preservar las lecciones de nuestra experiencia histórica. Compatriotas, este 15 de septiembre, recordemos con veneración las figuras señeras de los niños héroes y de los defensores de la soberanía nacional. Adentrémonos más en la historia de nuestra patria no sólo para reconocerla, sino para consolidarla y hacerla más libre y soberana.
Comentarios: gacetaproletaria@gmail.com
Gacetaproletaria.blogspot.com