lunes, 13 de abril de 2009

DECIMO ANIVERSARIO DE UNA PRISION INJUSTA
PARA LOS CINCO CUBANOS DETENIDOS EN ESTADOS UNIDOS
¡LIBERTAD INMEDIATA!

En una modesta contribución para hacer conciencia entre los hombres libres de América, me permito dar cabida en este espacio al excelente artículo de denuncia escrito por la camarada Aleida Godinez, en relación con la injusta detención, arbitraria y violatoria de los derechos humanos, de los cinco ciudadanos cubanos en una cárcel de los Estados Unidos. En apego a los principios del internacionalismo proletario y como muestra de solidaridad del servidor que escribe en este espacio, me sumo a la exigencia general del pueblo cubano demandando la inmediata liberación de los presos políticos.
El citado artículo denuncia lo siguiente: “A lo largo de estos 50 años de Revolución, Cuba ha sido victima de ataques terroristas, sabotajes y asesinatos. Grupos paramilitares asentados en la Florida con el apoyo y consentimiento del Gobierno de Estados Unidos han arremetido contra nuestro pueblo, ocasionando la muerte a 3 478 personas y daños a la integridad física a 2 099.
A pesar de que el Gobierno de Cuba ha puesto al corriente a las autoridades norteamericanas sobre tales prácticas, este no ha tomado medidas para evitar tales ataques. En virtud de ello y con todo el derecho moral que le asiste, Cuba ha enviado hombres desarmados con el objetivo expreso de monitorear las actividades y advertir a Cuba de los planes agresivos de estos grupos de mercenarios y terroristas, muchos de los cuales se involucraron en un pasado reciente a escándalos de tráfico de armas, de seres humanos, de drogas u otras prácticas inmorales.
Cuba ha puesto a disposición del Gobierno de Estados Unidos a través de su Sección de Intereses en La Habana contundentes notas diplomáticas acerca de los planes contra nuestro país.
En discurso pronunciado por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz el 20 de mayo de 2005, ante más de un millón de cubanos en la Tribuna Antiimperialista y que tituló “La conducta diferente” fueron denunciadas las patrañas y manipulaciones orquestadas por esa administración, que en lugar de hacer justicia y evitar prácticas asesinas contra nuestro pueblo, ordenó al Buró Federal de Investigaciones la detención y aislamiento por espacio de 17 meses antes de que su caso fuera presentado al tribunal en la madrugada del 12 de septiembre de 1998 de cinco de esos valerosos hombres: Antonio Guerrero, Fernando González, Gerardo Hernández, René González y Ramón Labañino, conocidos en el mundo entero por Los Cinco Cubanos. El caso, a pesar de ser fuertemente objetado por la defensa, se llevó a juicio en Miami, donde encontraron albergue más de medio millón de emigrados cubanos, salidos de Cuba en la década de los años 60, con una larga historia de hostilidad, pertenecientes ellos mismos como soldados de fila de los propios grupos mercenarios que ocasionaron en sus ataques la muerte a más de tres mil cubanos.
Después de más de seis meses quedó probado que la presencia de estos cinco cubanos no dañaba la seguridad nacional de ese país, evidencias recogidas en mas de 119 volúmenes y 20 000 paginas de documentos, que incluyeron el testimonio, a solicitud de la defensa, de tres generales retirados del ejército, un almirante retirado, el ex asesor del Presidente Clinton para asuntos cubanos y de altos oficiales cubanos.
Cuando ya el caso estaba listo para consideración del Jurado el gobierno norteamericano presentó una apelación extraordinaria ante una corte superior, alegando que enfrentaba un “obstáculo insuperable” para ganar el caso cuando en realidad se trataba de la imposibilidad de probar el cargo principal de conspiración para cometer asesinato.
Tres posibles jurados previstos anteriormente que habían expresado neutralidad acerca de Cuba fueron descalificados; el jurado seleccionado fue presionado por los medios locales, siendo perseguidos hasta sus autos con el objetivo de filmar sus números de placas y debieron soportar la tensión de los miembros de esos mismos grupos terroristas asentados en la propia localidad donde nunca debió celebrarse el juicio. Aún rechazada la apelación del Gobierno el jurado encontró culpables a nuestros compatriotas y fueron sentenciados a crueles condenas sin precedentes, confinándolos en cinco cárceles de máxima seguridad.
Antonio Guerrero fue condenado a 1 cadena perpetua mas 10 años, Fernando González a 19 años, Gerardo Hernández a 2 cadenas perpetuas mas 15 años, René González a 15 años y Ramón Labañino a 1 cadena perpetua mas 18 años.
En medio de un dilatado proceso de apelaciones, que en estos momentos espera la decisión de la Corte Suprema, en cuanto a si atiende o no el caso, el Grupo de Trabajo de Naciones Unidas sobre Detenciones Arbitrarias, luego de un exhaustivo análisis de los documentos presentados por la familia y el Gobierno de Estados Unidos determinó que su privación de libertad es arbitraria y exhortó a ese Gobierno a rectificar tal arbitrariedad, dejando probado teniendo en cuenta las circunstancias del caso, la naturaleza de los cargos y las exageradas sentencias la injusticia cometida con los Cinco Cubanos. La privación de libertad de Los Cinco viola el Articulo 14 de la Convención Internacional sobre Libertades Civiles y Políticas de la cual Estados Unidos es signatario.
A pesar de que los familiares obtienen del Gobierno de Estados Unidos a través de su Sección de Intereses de Norteamérica en La Habana al menos una visa para visitarlos cada 12 meses o año y medio, a Olga Salanueva, esposa de René González, el Gobierno de Estados Unidos le ha negado desde el 2002 hasta la fecha el derecho a viajar a ese país y visitar a su esposo, mientras que Adriana Pérez, esposa de Gerardo Hernández no ha vuelto obtener más permisos para viajar a ese país desde que a su llegada al aeropuerto de Houston, Texas, el 25 de Julio de 2002, las autoridades locales la mantuvieron detenida arbitrariamente durante 11 horas, negándole el acceso a los funcionarios consulares cubanos y revocando su visa, impidiéndole así la entrada a territorio norteamericano, gesto que en ambos casos se considera una condena adicional para René y Gerardo.
Los Cinco, desde sus celdas en Estados Unidos reciben a diario el apoyo de un número indeterminado de personas de buena voluntad en todo el mundo, del pueblo cubano, así como de organizaciones religiosas, de abogados, intelectuales, personalidades, incluidos varios premios Nóbel, de parlamentos, parlamentarios, senadores y organizaciones de derechos humanos, que han denunciado las violaciones cometidas. Una oleada de solidaridad se levanta por el mundo a favor de la liberación de estos cinco hombres presos injustamente por luchar contra el terrorismo.
¡Ábranse las puertas de sus celdas! Solo así podremos confiar en la justicia norteamericana. Aquí termina el artículo de Aleida Godínez. La denuncia pone de manifiesto las flagrantes violaciones a los derechos humanos que ejecuta el policía del mundo, el mismo que se abroga el derecho de juzgar a los pueblos con el sólo argumento de su fuerza más no de autoridad moral ni política ¡Viva José Martí! ¡Viva Fidel! Viva el heroico pueblo de Cuba!
SIN JUSTICIA SOCIAL NO HAY PAZ SOCIAL
EL SALARIO Y SU PODER ADQUISITIVO
ANTE LA COYUNTURA ELECTORAL

El pueblo de México está inmerso en un proceso electoral que lo llevará a elegir el próximo 5 de julio a sus representantes populares. La efervescencia política propia de estas coyunturas se apodera de la opinión pública; las diversas corrientes del pensamiento, las ideologías y las fuerzas políticas se tensan en la disputa por el poder. La exaltación de la conciencia de la sociedad para obtener el sufragio favorable es la mercancía en disputa que todos los contendientes quieren comprar para su causa.
Por eso declaro desde este modesto espacio de la clase trabajadora que, ha llegado el momento de la reflexión serena como ejercicio necesario para emitir un voto razonado y de calidad. Justamente igual que las clases privilegiadas ejercen el derecho de examinar con sumo cuidado el perfil de los candidatos y partidos que cuidarán la continuidad de sus prebendas, las clases laboriosas y desprotegidas tienen el mismo derecho -en teoría- a examinar con pulcritud la oferta electoral de los partidos y candidatos para poder asegurar un voto razonado y de calidad que mejore su nivel de vida a que tiene derecho.
Para no ser despojado de la conciencia y caer sucesivamente como víctima del robo de su sufragio, resulta indispensable el análisis riguroso del marco histórico en que se desenvuelve el proceso electoral y los propios contendientes y sus programas. Si el albañil que construye casas no es propietario de un hogar para alojar a su familia; si el obrero textil invierte su jornada en confeccionar ropa y sin embargo él y su familia andan en harapos; si el obrero fabrica calzado y anda descalzo; si el obrero produce una plusvalía suficiente mediante su jornada de trabajo y hace posible la concentración de insultantes fortunas, y a cambio se le impone un miserable salario que lo condena a vivir en la miseria, entonces es seguro que su participación en los “ejercicios democráticos” no han servido a su causa, lo han engañado y robado, lo han utilizado sólo para legitimar su propia desgracia.
De esa amarga situación el trabajador tiene que tomar clara conciencia y obrar en consecuencia. Si quiere dejar de ser víctima, si quiere superar su estado de postración, tiene que esforzarse para conquistar su propia liberación. Debe visualizar con claridad el por qué la vida es tan fácil para pocos y tan difícil para muchos, antes de decidir su sufragio.
Hay que aprender a desnudar a los partidos y candidatos tramposos en sus insanas pretensiones. A aquellos que acuden a los métodos de la mercadotecnia electoral para posicionar al candidato cursi, hueco de cerebro y sin programa. El mismo procedimiento que utilizan los mercados para promocionar sus productos, usando modelos de sonrisa fingida y muñecos de telenovela, al ser aplicado a la ciencia social de la política se convierte en lo que se llama democracia de mercado. Un modelo light que sustituye con eslogan publicitarios los análisis serios y profundos, el debate de las ideologías y sus programas, los compromisos puntuales ante la sociedad, para convencer y no para sustraer el sufragio del pueblo.
“Por el México que todos queremos”, ¿Qué demonios me dice a mí como trabajador éste eslogan publicitario tan cursi y tan general, utilizado por los politicastros que eluden los compromisos claros? Nada, absolutamente nada. ¿Qué nos quieren decir los candidatos que recurren a este eslogan? Que están con dios y con el diablo, con todos y con ninguno a la vez, dejando abierta la posibilidad de venderse al mejor postor y adoptar –como el agua- la forma del recipiente que lo contenga.
Siendo los salarios y su poder adquisitivo, el tema de mayor importancia para la absoluta mayoría de las clases laboriosas del país, las fuerzas políticas de avanzada tienen la responsabilidad histórica de enarbolar ésta demanda legítima de la clase trabajadora que redunda en el bienestar general del país. Sobre las fuerzas progresistas recae la responsabilidad de articular un compromiso serio ante la clase trabajadora de luchar por la liquidación total de la criminal política salarial que se sostiene hasta hoy, la cual restringe el desarrollo y la calidad de vida del pueblo.
No será la derecha en el poder la que lleve al debate la importancia de los salarios y su poder adquisitivo, pues los vasallos de las clases privilegiadas y el capital financiero son precisamente los autores de la restricción salarial que se aplica rigurosamente año con año. Esas fuerzas retardatarias nunca entenderán que la actual política criminal aplicada a la clase asalariada es el detonante principal del caos y la zozobra que se vive en el país.
Se puede afirmar con toda seguridad que, hablar de la restricción salarial es hablar de la contracción del mercado, del cierre de comercios y la consecuente caída en la producción industrial, terminando el círculo vicioso en el aumento del desempleo. Hablar de los salarios miserables, es hablar del aumento de la violencia social y la ingobernabilidad, porque no hay paz social sin justicia social. Cualquier Estado que se precie de serlo, no se justifica si no proporciona bienestar a su pueblo. Y no podrá haber bienestar mientras el salario, como medio para distribuir el producto del trabajo, y como pilar fundamental sobre el cual descansan las relaciones de producción esté severamente castigado.
Fundamentemos esta posición mediante las cifras del propio gobierno. La producción industrial en México disminuyó 11.1 por ciento en términos reales a tasa anual a enero de 2009, respecto del mismo periodo del año anterior, informó el INEGI. En su comunicado, el organismo público detalló que el sector de las industrias manufactureras tuvo una reducción de 14.9 por ciento anual, derivado de la menor producción en la mayoría de las actividades que la integran. Destacaron las caídas en la fabricación de equipos de transporte, industrias metálicas básicas, equipo de computación, comunicación, medición y otros equipos, componentes y accesorios electrónicos, productos a base de minerales no metálicos, y maquinaria y equipo, principalmente.
Y la correspondencia en la caída de la producción industrial, el cierre de empresas y el despido masivo de trabajadores lo encontramos rápidamente con los siguientes datos: el 60 por ciento de las personas encarceladas en los reclusorios están acusadas de delitos patrimoniales menores a dos mil 500 a tres mil pesos, por eso, ante el aumento de robos, la Comisión de Derechos Humanos del DF propondrá reformas a los códigos penales a fin de no poner en riesgo a quienes se encuentran ahí por pobreza, pues hay quienes sí entienden que las acciones punitivas por sí mismas no frenarán la delincuencia. Antes que seguir invirtiendo en la construcción de miles de cárceles para contener el robo impulsado por la pobreza, lo que debe construirse es un orden material y económico más justo para que el jefe de familia pueda resolver el sostén de su familia mediante su trabajo honrado.
El problema es que la descomposición social que está generando el abismo social abierto por la derecha en el poder está en aumento todos los días. Crece en forma piramidal; una parte de la delincuencia menor asciende a otras etapas donde se organiza en bandas delincuenciales, con mayor experiencia, más técnica y armamento sofisticado. Vea usted lo que produce el modelo económico aplicado por el calderonismo y sus “acciones responsables”. Durante el año pasado los secuestros en México crecieron en 50.9 por ciento con respecto al 2007, al totalizar 943 casos denunciados, principalmente de comerciantes y empresarios. De acuerdo con un estudio elaborado por el Sistema Nacional de Seguridad Pública, en 2002 hubo 540 secuestros, 582 al siguiente año, y en 2007 subió a 625. El 2008 quedará registrado como el año que más secuestros se cometieron, 943 oficialmente; no obstante, organizaciones como el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal en México afirma que hubo más de mil secuestros, es decir, un aumento de casi 100 por ciento en relación con los registrados en 2005.
Los empleos que no genera el gobierno de derecha los está generando el narcotráfico. Según la nota de OEM-Informex, del miércoles 11 de marzo, en el negocio de las drogas en México participan directamente 150 mil personas, mientras que otras 300 mil se dedican al cultivo y procesamiento de marihuana y opio. La misma nota afirma: “En una audiencia ante el Subcomité de apropiaciones para Operaciones Extranjeras y del Departamento de Estado, de la Cámara de Representantes, se apuntó que el trasiego de las drogas es tan productivo para los cárteles de la droga, que las ganancias procedentes del tráfico de narcóticos, incluyendo al de la cocaína y metanfetaminas, les generan aproximadamente entre 13 mil y 25 mil millones de dólares cada año.
Cuando el Estado neoliberal “fallido” aplica rigurosamente las profecías del mercado y renuncia a sus responsabilidades de elevar el nivel de vida y crear los empleos que el pueblo demanda, el narcotráfico se hace cargo de llenar ese hueco, creando parte de los empleos que demanda la sociedad. El trabajador sin esperanza de resolver sus problemas viviendo del salario mínimo, los que viven en la economía informal y los desempleados que viven en la zozobra diaria, son empujados por el sistema a nutrir las filas del narcotráfico.
Inclusive, hablar de la criminal política salarial y sus nefastos resultados es hablar al mismo tiempo de la soberanía e independencia nacionales, porque la descomposición social que prevalece, capitaneada desde la cima de la pirámide delincuencial por las bandas de secuestradores y narcotraficantes da cabida al descarado injerencismo de la secretaria de Estado de los Estados Unidos, la señora Hilary Clinton, para que nos venga a ofrecer su generosidad de trabajar “hombro con hombro” con el gobierno mexicano a través de la Iniciativa Mérida “para entrenar y equipar a las fuerzas del orden público mexicanos, así como reforzar el sistema judicial y a sus instituciones democráticas”.
La estancia en nuestro país de la alta funcionaria del gobierno norteamericano no podía ser desaprovechada por el calderonato, para hacerle saber que los mexicanos no podemos resolver el problema solos, que imploramos su ayuda. Por órdenes de Los Pinos, la Secretaría de Seguridad Pública distribuyó durante la visita de la funcionaria un documento donde se precisa que en 2008 se detectaron dos mil 437 zonas de impunidad en al menos 16 entidades del país, y en lo que va del año se han sumado otras 233. Indudablemente, Soberanía e independencia nacionales son términos que no se encuentran registrados en la agenda de los vasallos que administran temporalmente el México de Benito Juárez.
.Enarbolar la lucha por la liquidación de la política salarial restrictiva es una legítima demanda del pueblo. La angustia, desesperación e impotencia, es el estado de ánimo de por lo menos 10 millones de mexicanos que perciben de un salario mínimo hacia abajo, incluyendo a los parias que sobreviven con menos de dos dólares diarios, porque para ellos no hay esperanza de un mañana mejor. Tampoco cambiarán las cosas para aquellos que tienen la suerte de recibir entre uno y cinco salarios mínimos diarios, ni en general, para todo el conglomerado de 60 millones de mexicanos que se consideran en el rango de pobreza. La esperanza se consume ante la completa indefensión que hasta ahora se ha observado de este sector mayoritario del pueblo que es entregado con las manos amarradas, año con año, a los intereses del gran capital, por el apego irrestricto a la política salarial del Estado neoliberal.
Desesperanza ante tal estado de indefensión sí, porque por lo menos en el corto plazo no se avizora un horizonte diferente, que le de entrada a un cambio radical en la política salarial por la vía institucional. El “aumento” de 4 por ciento vigente desde el primero de enero, que constituye un promedio de dos pesos por jornada, no fue protestado en su momento, ni siquiera por la representación obrera que integra la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos.
El tema salarial no figura en el proyecto de la Reforma del Estado, presidida por el senador neoliberal Manlio Fabio Beltrones; mucho menos es tema de preocupación para la Suprema Corte de Justicia, la institución que se promociona como garantía de que la Constitución se cumpla cabalmente. Esa actitud de cerrazón, de insensibilidad, pero más que nada, de radicalización de la lucha de clases, está empujando peligrosamente a que, nuevamente, (parafraseando a José María Morelos en los célebres Sentimientos de la Nación) “la nación abra sus labios y empuñe la espada para ser oída”.
En los años setentas el gobierno federal suscribió el Convenio 131 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para regular los salarios mínimos, el cual señala que las necesidades de la población, y no la inflación, deben determinar los aumentos salariales. En el artículo tercero, dicho convenio que México ratificó, señala: “Entre los elementos que deben tenerse en cuenta para determinar el nivel de los salarios mínimos, deberán incluirse (…) I.- las necesidades de los trabajadores y de sus familias habida cuenta del nivel general de salarios en el país, el costo de vida, de las prestaciones de seguridad social y del nivel de vida relativo de otros grupos sociales; II.- los factores económicos, incluidos los requerimientos del desarrollo económico, los niveles de productividad y la conveniencia de alcanzar y mantener un alto nivel de empleo”. Sin embargo, la Comisión Nacional de Salarios Mínimos, en lugar de hacer los cálculos para recuperar lo perdido mantiene amarrado el crecimiento salarial a la expectativa inflacionaria.
La agresiva política salarial violenta flagrantemente la Constitución General de la República, la cual establece, en su artículo 123: “los salarios mínimos deberán ser suficientes para satisfacer las necesidades normales de un jefe de familia en el orden material, social y cultural”. Sin embargo, en vez de apegarse al mandato constitucional, la estrategia económica neoliberal ha agrandado dramáticamente la brecha entre el salario mínimo real y el que ordena nuestra Constitución.
Hemos vivido ya más de un cuarto de siglo bajo la dictadura impuesta por los mercados financieros, y en este largo túnel oscuro de “ajustes estructurales y disciplinas macroeconómicas”, los salarios mínimos han sido reducidos a menos de la tercera parte del poder adquisitivo que tenían en 1982, al descender de $ 32.72 en ese año, a $ 9.74 en 2007, a precios de 1994. Más aún, la política salarial retrógrada situó estas percepciones por debajo de las prevalentes en 1946, cuando el salario mínimo fue de $ 13.37, a precio de 1994; de modo que acumulamos una regresión de más de medio siglo en la mejora del bienestar de los asalariados más desvalidos. Puesto que los incrementos de los salarios mínimos han servido de guía para las negociaciones contractuales, los trabajadores del sector formal de la economía han sufrido también un agresivo deterioro de su poder adquisitivo: los salarios contractuales de las ramas de jurisdicción federal perdieron el 62.2 por ciento de su poder de compra durante el período de 1983-2007, acumulando también una regresión mayor de medio siglo.
Ese es el tan ponderado “Bien Común”, y por sus frutos los conoceréis. En vez de utilizar la política salarial como herramienta para elevar paulatinamente el nivel de vida de los trabajadores y mejorar la distribución del ingreso y la justicia social, la tecnocracia neoliberal la ha utilizado como ancla antiinflacionario: los incrementos del salario mínimo han sido iguales a las tasas de inflación proyectadas, casi siempre superadas por la inflación realmente observada, de manera que se ha provocado un deterioro ininterrumpido del poder de compra del salario. Así es como dicen combatir a la pobreza, sacrificando el bienestar de las clases proletarias para mantener a la plutocracia y sus signos de valor.

La ideología de la desigualdad que ha inspirado esta política salarial afirma: incrementos salariales superiores a la inflación esperada provocaría una carrera entre precios y salarios que acabaría deteriorando aun más al salario real. Desde luego, este dogma no está validado por la experiencia histórica. Hay que recordarlo: durante la época del desarrollo estabilizador (1959-1970), los incrementos nominales del salario mínimo (9 por ciento en promedio anual), fueron siempre superiores a las tasas de inflación (2.5 por ciento anual). Además, los aumentos salariales superaron también la suma de la tasa de inflación más la tasa de incremento de la productividad, la cual creció 4.3 por ciento anual. Como resultado, el salario real se incrementó a una tasa media de 6.3 por ciento anual. No obstante los incrementos salariales jamás desencadenaron una escalada inflacionaria.
Lo anterior ocurrió porque la política de Estado era todavía congruente con el proyecto social de la Revolución Mexicana, consistente en buscar el abatimiento de la desigualdad. Entre los propósitos del desarrollo estabilizador figuraron: “aumentar los salarios reales y mejorar la participación de los asalariados en el ingreso nacional disponible” (Ortiz MENA, el desarrollo estabilizador, FCE, México, 1998). Con firmeza y congruencia, ambos propósitos fueron cumplidos: la participación de los salarios en el ingreso nacional disponible (IND) pasó del 26.3 por ciento en 1950-1958, al 35.2 por ciento en 1959-1967 y al 38.3 por ciento en 1970.
Cabe destacar que, aunque los salarios reales y la distribución del ingreso entre los factores de la producción mejoraron considerablemente, la masa de ganancias empresariales creció aceleradamente, debido al crecimiento también acelerado del PIB, que se incrementó a una tasa media del 6.8 por ciento anual durante el período 1959-1970, sustentado precisamente en un pujante mercado interno. En contraste, el modelo neoliberal ha traído consigo un círculo perverso: empobrecimiento de los asalariados y drástico deterioro de la distribución del ingreso. La participación de los salarios en el ingreso nacional disminuyó del 41.7 por ciento del IND en el período de 1970-1982, al 35.1 por ciento en el período de 1983—2004, e incluso al 33.4 por ciento del IND sólo en 2004, lo cual ha provocado un severo achicamiento del mercado interno, derivando en un raquítico crecimiento del PIB, cuyo incremento apenas ascendió al 2.5 por ciento anual durante el período de 1983-2007. Es la etapa de la pobreza galopante.
Hemos visto pues, la importancia del tema salarial que tiene que ver con el desarrollo general del país, una legítima demanda que tiene que ser enarbolada por las fuerzas progresistas en esta coyuntura electoral. ¡Sin justicia social, no hay paz social!
EMILIANO ZAPATA VIVE EN LA CONCIENCIA NACIONAL



El pueblo de México y en particular el agrarismo del país recuerdan un
aniversario luctuoso más de la muerte del General Emiliano Zapata, producto
de una artera traición en la hacienda Chinameca, Morelos, el 10 de abril
de 1919.

La presente colaboración la dedicaremos para recordar el rompimiento
de Emiliano Zapata con el presidente Francisco I. Madero. Dos personajes
centrales de la Revolución Mexicana que combatieron por intereses
distintos. Madero, siendo miembro de una de las familias más ricas de
México, latifundistas por excelencia, representaba a la burguesía descontenta con la dictadura de Porfirio Díaz, quienes por medio de la revolución
exigían un cambio político, sí, pero sin tocar la estructura económica que
imperaba al momento. Por su parte, Emiliano Zapata, representaba el dolor
del pueblo mancillado y explotado por los hacendados y la propia dictadura
porfirista; deseaban obtener de la revolución, además de un cambio político
un cambio económico, por ello demandaban el reparto inmediato de tierras a
los campesinos. Dos posiciones distintas que chocaron inevitablemente
cuando Zapata le exigió al Presidente Madero el reparto de tierras.

El 7 de junio de 1911, Emiliano Zapata es de los primeros
revolucionarios en entrevistarse con Madero. La comida a la que acude
-llena de aduladores- le deja mal sabor de boca. Días más tarde, Madero
visita Morelos y Guerrero, zona que había soslayado en sus campañas
presidenciales. Su conducta, generosa por igual con hacendados y
revolucionarios, provoca en Zapata sentimientos de duda. No comprende por
qué presta oídos a quienes critican la violencia zapatista en la toma de
Cuautla. Había sido una revolución o no? Muy pronto, los periódicos de la
capital, azuzados, claro, por los hacendados, inician una campaña de
desprestigio contra el "bandido" Zapata, de quien se espera, en cualquier
momento, una sublevación. El periódico Nueva Era de Juan Sánchez Azcona lo
defiende.

Madero lo invita a México. La entrevista entre ambos caudillos tiene
lugar el 21 de junio en la casa de Madero, en la calle de Berlín. Gildardo
Magaña recordaría la forma -a un tiempo parabólica, cortés y terminante-
en que Zapata expuso las razones de su revolución. Había tensión en la
atmosfera. Zapata lo rompió acercándose a Madero. Señaló la cadena de oro
que éste traía en su chaleco y le dijo: Mire señor Madero, si yo, aprovechándome de que estoy armado, le quito su reloj y me lo guardo, y
andando el tiempo nos llegamos a encontrar, los dos armados con igual
fuerza, tendría derecho a exigirme su devolución?. Sin duda -le dijo
Madero-; incluso le pediría una indemnización. Pues eso, justamente
-terminó diciendo Zapata- es lo que nos ha pasado en el estado de Morelos,
en donde unos cuantos hacendados se han apoderado por la fuerza de las
tierras de los pueblos. Mis soldados (los campesinos armados y los pueblos
todos) me exigen diga a usted, con todo respeto, que desean se proceda
desde luego a la restitución de sus tierras.

Al día siguiente, Emiliano Zapata hizo unas declaraciones
conciliatorias al diario católico El País, que no antipatizaba con su
causa: "El General Zapata (manifestó) que si él se afilió al partido
revolucionario no fue guiado por la idea de lucro, sino por patriotismo...
el odio demostrado hacia mí por los hacendados morelenses no me lo explico,
como no sea porque arrebaté a la explotación que por parte de ellos eran
víctimas, los obreros que les enriquecían con el fruto de su sangre y de su
sudor; comprenderán que de ser ciertas las acusaciones que se me dirigían
no hubiera venido como lo he hecho a presentarme al Sr. Madero.

"Ahora voy a trabajar con el licenciamiento de los hombres que me
ayudaron, para después retirarme a la vida privada y volver a dedicarme al cultivo de mis campos, pues lo único que anhelaba cuando me lancé a la
revolución era derrotar al régimen dictatorial y esto se ha conseguido".
Aparte del endoso explícito a Madero, lo que llama la atención de las
declaraciones de zapata es su insistencia en desmentir a los que dudaban de
su desinterés. En ese momento cuando habla de sus "tierras de labor", nada
lo indigna más que la palabra "bandido".

Su deseo, en efecto,, era retirarse a la vida privada y disfrutar de
su inminente matrimonio con la que sería su única mujer legítima: Josefa
Espejo. Pero antes había que licenciar a las tropas y dejar Morelos bajo el
mando de Raúl Madero -o de cualquiera, menos de Ambrosio Figueroa, o de
los federales Blanquet y Huerta. El gobierno interino presiona para el
primer objetivo. Zapata cede, pero no por entero. A mediados de agosto
solicita al presidente De la Barra el retiro de las fuerzas federales a
cambio de la paz "en veinticuatro horas". Ese mismo día escribe -con la
ayuda de Otilio Montaño- a Madero: "Si la revolución no hubiera sido a
medias y hubiera seguido su corriente hasta realizar el establecimiento de
sus principios, no nos veríamos envueltos en este conflicto; ¿ por qué,
pues, por una petición justa, del pueblo y del ejército, se nos trata de
reos de grave delito, cuando no hemos tenido otro que el de haber sido
defensores de nuestras libertades? yo, ni por un momento he dudado de que
usted sostendrá los principios por los cuales el pueblo mexicano derramó su
sangre y en la cuestión a que en este momento me refiero, tengo fe y la he
tenido siempre, en que usted evitará el derramamiento de sangre que se
prepara contra nosotros, me reitero su fiel subordinado".

Estaban dados ya todos los elementos de la discordia, del choque entre
las dos clases sociales a las cuales representaban. Una y otra vez Zapata
repetía las palabras "fe" y "fidelidad" implicando ya, con ellas, su
contraria: traición. Madero lo comprende y escribe midiendo cada palabra: "
Comprendo muy bien los sentimientos que inspiran a ustedes y por eso vine a
México a exponer al Supremo Gobierno la situación, en vista de lo cual se
ha acordado solucionar el conflicto en esa, en forma que estoy seguro será
aceptada por ustedes y que les haré saber a mi llegada a ésa. Para lograr
mis vehementes deseos, la condición esencial es, que ustedes sigan teniendo
fe en mí, como yo la tengo en ustedes. En prueba de lo cual voy a ésa, a
pesar de que han venido noticias de que mi vida peligrará yendo allá. Pero
no creo nada de ello, porque tengo confianza en ustedes".

Al llegar a Morelos el 18 de agosto, en un discurso Madero llama a
Zapata "integérrimo General". Todavía creen uno en el otro, pero actúan en
un marco desfavorable creado por los hacendados, la histeria de la prensa
capitalina, las opiniones racistas de De la Barra y el celo del General
Victoriano Huerta -indio experto en combatir indios, veterano de las
guerras contra Yaquis y Mayas- que avanza sobre Yautepec para "reducir a
Zapata hasta ahorcarlo". A los cuatro días de su estancia, Madero comprende
que las autoridades centrales no le hacen el menor caso y se retira. Temen
con razón, que Zapata se llame a engaño, pero lo único que puede ofrecerle
es una promesa: "aprecio debidamente los servicios que usted prestó a la
Revolución... Cuando llegue al poder le aseguro que le recompensaré sus
servicios".

Durante todo el interinato Zapata sufrió el embate de los fusiles y
las palabras. Estas lo indignaban más que aquéllos. Le revolvía las
entrañas oír que los pelones federales gritaran a sus hombres "bandidos
come vacas". Acaso conoció zapata las alarmas del diputado José María
Lozano en la Cámara de Diputados? “Era el nuevo Atila, la reaparición
atávica de Manuel Lozada, un Espartaco, el libertador del esclavo, el
prometedor de riquezas para todos. Es todo un peligro social, es
sencillamente la aparición del subsuelo que quiere borrar la superficie...
Ya Zapata no es un hombre, es un símbolo"

Era natural que al llegar Madero a la presidencia las relaciones con
Zapata estuviesen irremediablemente deterioradas. Existió sin embargo un
último intento de avenencia por mediación del ingeniero Alfredo Robles
Domínguez. Las condiciones de zapata no podrían ser más razonables: retiro
de Figueroa, nombramiento de Raúl Madero y una pálida mención al problema
de la tierra: "Se dará una ley agraria procurando mejorar la condición del
trabajador del campo". En una decisión que a la postre lamentaría, Madero
lo conmina a "rendirse a discreción y salir del país... su actitud de
rebeldía está perjudicando mucho a mi gobierno".

Es el momento del rompimiento. Días más tarde, zapata describe a
Gildardo Magaña la esencia de su discordia: "Yo, como no soy político, no
entiendo de esos triunfos a medias; de esos triunfos en que los derrotados
son los que ganan; de esos triunfos en que, como en mi caso, se me ofrece,
se me exige, dizque después de triunfante la Revolución salga no sólo de mi
estado, sino también de mi patria... Yo estoy resuelto a luchar contra todo
y contra todos sin más baluarte que la confianza, el cariño y el apoyo de
mi pueblo".

Los "triunfos en que los derrotados son los que ganan" tenían para
Zapata un nombre: traición. Zapata era un hombre de convicciones absolutas.
Por eso no pudo interpretar las reticencias de Madero para repartir la
tierra y su debilidad para imponerse a De la Barra y Huerta, más que como
una traición en el sentido bíblico del término, como el pecado que incluye
todos los pecados, como la falta de Iscariote que provocó la muerte del
redentor.

A aquél último intento conciliador de Madero, Zapata respondió: "Ya
puede ir contando los días que corren pues dentro de un mes estaré en
México con 20 mil hombres y he de tener el gusto de llegar a Chapultepec
y... colgarlo de uno de los sabinos más altos del bosque". Aquel
desencuentro entre dos hombres de fe seria uno de los momentos trágicos de
la Revolución. El propio Madero lo reconoció en sus últimas horas ante
Felipe Ángeles. Quizá entonces la actitud de Zapata le pareció
comprensible: tenía siglos de esperar.

En este 90 aniversario luctuoso de la muerte del general Emiliano
Zapata, es momento propicio para que las generaciones actuales nos
preguntemos si hemos sido capaces de defender las conquistas logradas para
los agraristas mexicanos y el pueblo en general, en base a la sangre
derramada por el caudillo del sur y sus hombres. Ahora que somos gobernados por la derecha y por los nuevos hacendados que gobiernan igual que Porfirio
Díaz, hagamos conciencia de nuestra responsabilidad histórica en defensa
del legado zapatista y los principios de la Revolución Mexicana. El
espíritu de Emiliano zapata debe cabalgar de nuevo!

EL TRIUNFO DE LA REACCION ES MORALMENTE IMPOSIBLE

RECORDEMOS LA OBRA INMORTAL DE BENITO JUAREZ

Cuando “Desde la Fe” se hacen sonar las campanas para llamar al pueblo a emitir un voto de castigo hacia los adversarios políticos, haciendo más que evidentes ante la opinión publica los intereses electorales del clero y su brazo electoral, el Partido Acción Nacional, resulta necesario recurrir a las enseñanzas del patricio oaxaqueño. Cuando la soberanía y la independencia nacionales se ven comprometidas ante el asedio del imperio yanqui, que amenaza con intervenir militarmente en nuestro país para “ayudar” generosamente a erradicar las bandas delictivas de narcotraficantes, resulta imprescindible rescatar la vigencia plena de la obra juarista.

Las circunstancias y el marco histórico que nos rodea son difíciles, igual lo eran en los tiempos juaristas, pero su espíritu indomable, su elevado patriotismo, y su temple ante la adversidad junto al empuje del pueblo fueron determinantes para escribir la epopeya victoriosa en el Cerro de las Campanas. Urge que retomemos sus cualidades de patriota y de guerrero invencible para celebrar cada quien desde nuestro puesto de combate el 203 aniversario del natalicio juarista.

Los pilares fundamentales de la nación mexicana son Hidalgo, Morelos y Juárez. Constituyen la misma lucha, el mismo ideal, el mismo rumbo, Hidalgo ha trascendido al paso del tiempo, porque además de iniciar la lucha por la independencia de la patria, emergió como un profundo reformador social que con gran visión supo determinar que la lucha insurgente debía ser también la lucha para obtener mejores condiciones de vida del pueblo, mediante la destrucción del orden colonial de la Nueva España; caracterizado por la explotación y la discriminación social, en donde la Iglesia Católica jugó un papel preponderante para mantener el dominio español. La historia le dio la razón a Hidalgo, porque a pesar de que se obtuvo la independencia en 1821, pero sin tocarse el régimen económico y social del virreinato, los problemas siguieron vigentes y la lucha continuó. Estaban en pugna dos concepciones sobre la nación: el México con las características de la colonia, para el provecho de una minoría, posición que fue defendida por la corriente clerical y conservadora. De otra parte, el México que defendía la corriente histórica nacionalista, popular y revolucionaria, inspirada en Hidalgo, Morelos y Guerrero. A esta corriente liberal se ligó Benito Juárez desde 1830, en que inició su participación política.

A mediados del siglo XIX, después de tres décadas de enfrentamiento ideológico y político entre esas dos concepciones históricas del país, irreconciliables, la situación hizo crisis, demandando una solución definitiva. Al triunfo de la Revolución de Ayutla, la corriente liberal promulgó la Constitución de 1857 y otras leyes, y aunque esas medidas no tenían la profundidad que se requería, fueron suficientes para motivar la airada rebelión del grupo clerical reaccionario que vio afectados sus fueros y privilegios.

Al Presidente Benito Juárez, le tocó hacer frente a la Guerra de Tres Años, a la Intervención Francesa y al llamado Imperio de Maximiliano, que en rigor constituyeron episodios de un mismo hecho histórico, originado por la ambición del clero y los conservadores. La obra que consumó entonces Benito Juárez, como líder ideológico indiscutible de los hombres de La Reforma es enorme: estableció la plena soberanía del Estado Mexicano sobre todas las corporaciones, entidades y personas del país y recuperó para el Estado el control directo de todas sus atribuciones y facultades, creando al respecto las instituciones jurídicas necesarias para el buen desarrollo de la vida social.

Asimismo, Juárez destruyó los vestigios de la colonia mediante la promulgación de las Leyes de Reforma e instituyó la completa independencia del Estado y al Iglesia, y en consecuencia, el fin de las relaciones de México con el Vaticano y la prohibición de la presencia de funcionarios públicos en las ceremonias religiosas. El benemérito defendió con patriotismo ejemplar la independencia, la soberanía y la integridad de la nación hasta derrotar en forma aplastante a los invasores franceses, destruyendo en forma definitva los apetitos imperiales sobre nuestro país. El juarismo entregó a la nación y a los pueblos del mundo los principios de una política exterior justa: el respeto a la autodeterminación de los pueblos y la no intervención. Decretó la libertad de conciencia, el derecho a creer o no creer y la completa liberta religiosa; creó el sistema educativo nacional fundado en la escuela científica y laica, gratuita y obligatoria, base de la democracia y de la plena formación del hombre. De ésta forma quedó unido indisolublemente, el nombre de Juárez a México.

Décadas más tarde, ya entrado el siglo XX, la Revolución Mexicana ratificó y enriqueció los fundamentos trazados por el Presidente Juárez y vigorizó esta concepción de nación, estableciendo los derechos sociales y mayores atribuciones al Estado para intervenir en la economía del país, con objeto de impulsar el desarrollo económico y crear mejores formas de vida del pueblo. Sin embargo, este rumbo histórico que viene desde Hidalgo, Morelos, Guerrero, Juárez y la Revolución Mexicana, al que podríamos calificar como de nación independiente y soberana, comprometida con el bienestar del pueblo, ha sido interrumpido y fracturado por la ascensión de la derecha al poder, quienes han continuado y profundizado la política neoliberal que tantos y severos daños ha causado a nuestro sufrido pueblo. El propósito fundamental de estas fuerzas negativas que nos gobiernan, es sustituir el modelo de nación creado por el pueblo a través de sus tres revoluciones, para imponerle a la nación el rancio conservadurismo de sus antepasados.

Al efecto, los gobiernos de derecha han vulnerado la función histórica del Estado revolucionario mexicano como promotor del desarrollo y ha cedido este papel a una minoría enriquecida. A su vez, se ha pretendido minar la conciencia patriótica de los mexicanos, con la tesis falsa de que sólo conciliando los intereses de México con los del imperialismo norteamericano podremos progresar; en esta embestida antinacional, el clero ha tomado su lugar en el terreno ideológico para disipar del pueblo la posibilidad de construir una sociedad justa y digna.

Esta concepción distinta de nación que postula la derecha tiene como protagonistas al clero, a la minoría enriquecida y a los yanquis, los cuales despliegan febrilmente todos sus esfuerzos para deteriorar los cimientos históricos, sociales y políticos de nuestra nación. Ahora mismo, los intereses imperiales atacan de nuevo presionando a sus personeros domésticos para adueñarse de lo que nos queda de patrimonio nacional.

De nueva cuenta están en pugna dos concepciones irreconciliables de nación: una es la que se sustenta en las luchas y principios históricos de nación independiente, comprometida con el bienestar del pueblo, la otra es la de estos sectores que quieren borrar la conciencia de los mexicanos y destruir la nación transformándola en una entidad subordinada a los Estados Unidos, donde los principios de soberanía, independencia, justicia social y patria dejan de tener sentido. En la celebración de un aniversario más del natalicio del héroe más grande de México, Benito Juárez, y ante las actuales acechanzas del exterior que se llevan a cabo en contubernio con las fuerzas retardatarias y conservadoras, vencidas ayer por Juárez, y que por desgracia hoy nos gobiernan, es útil recordar las palabras de Juárez en su memorable carta al embajador de México en los Estados Unidos, Matías Romero, cuando el país se encontraba en circunstancias difíciles por la ocupación de nuestro territorio por las fuerzas francesas.

"Qué el enemigo nos venza y nos robe si tal es nuestro destino; pero nosotros no podemos legalizar ese atentado, entregándole voluntariamente lo que nos exige por la fuerza. Si la Francia, los Estados Unidos o cualquiera otra nación se apodera de algún punto de nuestro territorio y por nuestra debilidad no podemos arrojarlo de él, dejemos siquiera vivo el derecho para que las generaciones que nos sucedan lo recobren. Malo sería dejarnos desarmar por una fuerza superior, pero sería pésimo desarmar a nuestros hijos privándolos de un buen derecho, que más valientes, más patriotas y sufridos que nosotros lo harán valer y sabrán vindicarlo algún día": Benito Juárez García

martes, 10 de marzo de 2009

SUICIDIOS Y DESEMPLEO MASIVO
LAS ESTADISTICAS DEL CAPITALISMO SALVAJE
Los últimos estertores del caduco e injusto orden económico internacional están a la vista de todos, es ya inocultable; el pánico y la zozobra son el pan de todos los días, lo mismo para los culpables que nos han conducido al desastre como a las víctimas de este colosal cataclismo financiero y económico que arrasa los pueblos. La gigantesca torre de Babel construida sobre la base de la especulación desmedida y la avaricia de los mercados llegó muy alta para dominar al capital productivo, sólo para desplomarse desde esas alturas con la misma fuerza con que se elevó.
Los reyes del agiotismo y la usura están perdiendo sus montañas de dinero acumulado, la gran industria y la empresa mediana cierran sus puertas ante la contracción del mercado y, los trabajadores despedidos ya no tienen motivos para sentarse a la mesa. La economía informal se formaliza como la única alternativa para sobrevivir en el caos y la incertidumbre. El orden económico es un cadáver a punto de sepultarse, su muerte estaba anunciada, se suicidó a sí mismo. Imposible sostenerse erguido ante el abismo social resultante de la aplicación de sus políticas.
Mientras una elite conformada por un puñado de directivos de la dictadura monopolista y financiera con asiento en New York se embolsó 46 mil millones de dólares en sólo un año, millones y millones de trabajadores en el mundo tuvieron que aumentar su “productividad”, trabajando jornadas de hasta 12 horas con raquíticos salarios, a pan y agua, como esclavos, apurados a rendir más y más cada día ante la amenaza del amo de marcharse a buscar mano de obra más barata en cualquier otra economía emergente. Para mantenerse sana, la especulación excesiva del capital demandaba la explotación desmedida de los trabajadores; a tal grado llegó, que la sangre y el sudor de las masas laboriosas exhaustas ya no pudieron rendir más para seguir sosteniendo la enorme burbuja especulativa que cargaba sobre sus espaldas y calló estrepitosamente. De la Torre de Babel financiera no queda más que sus escombros y el pánico de sus constructores.
Desde financistas que se suicidan, hasta otros que fingen hacerlo, millonarios arruinados han cometido una amplia gama de actos desesperados ante la peor crisis económica desde la Depresión de los años 30. En ocasiones, la desesperación es abrumadora. Tres días antes de Navidad, y luego de escribir cartas de despedida, René-Thierry Magon de la Villehuchet se suicidó en su oficina del centro de Manhattan. El aristócrata francés, de 65 años de edad, un inversionista profesional, había perdido 1.400 millones de dólares tras poner su fortuna y la de sus clientes en manos de Bernard Madoff.
Se estima que Madoff, quien ha logrado eludir hasta ahora inclusive el arresto domiciliario ordenado por un juez, estafó a sus clientes en unos 50.000 millones de dólares. Es, casi con seguridad, el fraude más grande en la historia de Estados Unidos.
Amigos y familiares del inversionista francés dijeron que se sentía profundamente avergonzado y deprimido por el fraude que acabó con sus ahorros y los de sus clientes, muchos de ellos amigos personales. Por lo tanto, el 22 de diciembre de 2008 ingirió una letal dosis de píldoras, colocó un cesto de basura debajo de su brazo derecho, y se abrió las venas con una cuchilla, de esas utilizadas para cortar cajas de cartón.
En el último año, se han registrado más de 10 de ese tipo de incidentes, tanto en Estados Unidos como en otras naciones, cometidos por personas cuyas finanzas se han desintegrado. Sólo en enero, tres financistas se suicidaron. El multimillonario alemán Adolf Merckle, que perdió una fortuna al caer las acciones de la Volkswagen, se arrojó bajo un tren. Patrick Rocca, un inversionista irlandés que perdió millones de dólares al colapsar el mercado inmobiliario, aguardó a que su esposa llevara a sus hijos a la escuela para pegarse un balazo en la cabeza. Y en los suburbios de Chicago, otro multimillonario, Steven L. Good, inversionista en bienes raíces, fue hallado muerto en su Jaguar, con un balazo en su cuerpo.
Hoy sacude a la madriguera de los monopolios una epidemia similar de suicidios de inversionistas como en la década del treinta, tras derrumbarse la bolsa de valores de Nueva York. Inclusive existe en la mente de muchos norteamericanos la imagen de corredores de bolsa cayendo de las ventanas de sus oficinas como la lluvia tras el "crash" de 1929.


En 1933, el momento álgido de la Gran Depresión, cuando un 25% de los norteamericanos estaban desempleados, la tasa de suicidio entre los estadounidenses pasó de 14 a 17 por 100.000. Fue la tasa de suicidios más alta de la historia de este país.
Pero no sólo insensatos especuladores sienten que el piso ha desaparecido debajo de sus zapatos. También sus víctimas han sufrido una bancarrota emocional. La tasa de desempleo ascendió en EU al 8,1% en febrero, la más alta desde fines de 1983, al perderse 651.000 empleos, informó el gobierno yanqui. El informe del Departamento de Trabajo reveló que continúa la ola de despidos masivos, en el intento desesperado de los empresarios de reducir sus costos.
La pérdida neta de 651.000 puestos de trabajo sobrevino tras las reducciones de la nómina en los dos meses anteriores, de acuerdo con las cifras actualizadas. La economía perdió 681.000 empleos en diciembre y 655.000 en enero. Los patronos reducen sus plantillas a un paso alarmante y buscan otras maneras de reducir costos a costa del salario, tales como reducir las jornadas laborales, congelar o reducir los sueldos, porque la recesión merma las ventas y ganancias. Los consumidores en todo el mundo reducen sus gastos, a medida que la crisis global afecta a todos.
Desde que comenzó la recesión en diciembre del 2007, la economía de los EU ha perdido 4,4 millones de empleos, más de la mitad en los últimos cuatro meses. Por ello, el desempleo nacional pasó al 8,1% del 7,6% en enero, el mayor nivel desde diciembre de 1983, cuando la tasa se situó en el 8,3%.
El número total de desempleados alcanzó 12,5 millones. Además, el número de personas obligadas a trabajar a tiempo parcial "por razones económicas" aumentó en 787.000, llegando a 8,6 millones. Ese sector desearía trabajar a tiempo completo pero sus jornadas laborales fueron reducidas o no pudieron encontrar empleos a tiempo completo. Mientras tanto, el promedio laboral semanal se mantuvo en febrero en 33,3 horas, igualando la marca de diciembre.
Allá donde los sacerdotes del capitalismo preparan las recetas económicas para el mundo, la pérdida de empleo fue generalizada en febrero. Las empresas de la construcción eliminaron 104.000 empleos, las fábricas 168.000 y los negocios detallistas casi 40.000. Los servicios profesionales y empresariales suprimieron 180.000, con 78.000 perdidos en las agencia de trabajo temporal. Las empresas financieras redujeron sus plantillas en 44.000. Las de viajes y hoteleras borraron 33.000 empleos.
La desaparición del empleo y la evaporación de los patrimonios personales y empresariales, debido a la contracción del valor de la vivienda, los planes de ahorro para la jubilación -basados en inversiones con postergación fiscal- y otras inversiones, hicieron que los consumidores redujeran sus gastos y las empresas acortaran sus plantillas. Es un círculo vicioso en el que las consecuencias negativas de la economía se muerden la cola, lo que a su vez empeora la contracción económica.
La industria y el comercio parecen aniquilados porque la sociedad posee demasiada civilización, demasiados medios de vida, demasiada industria, demasiado comercio. Las fuerzas productivas no sirven ya al desarrollo de la civilización burguesa y sus relaciones de propiedad; por el contrario, resultan ya demasiado poderosas para estas relaciones, que constituyen un obstáculo para su desarrollo. Y cada vez que las fuerzas productivas salvan este obstáculo, precipitan en el desorden a toda la sociedad burguesa, amenazando sus propiedades y su existencia misma.
Las relaciones burguesas resultan demasiado estrechas para contener las riquezas creadas en su seno, lo que dará como resultado el inevitable surgimiento de una nueva etapa en las relaciones productivas, un nuevo orden económico internacional y la ascensión hacia un nuevo estadio en la evolución histórica de la sociedad. Ya Carlos Marx lo sentenciaba de esta manera en el Manifiesto del Partido Comunista: “Las relaciones burguesas de producción y de cambio, las relaciones burguesa de propiedad, toda esta sociedad burguesa moderna, que ha hecho surgir tan potentes medios de producción y de cambio, se asemeja al mago que ya no es capaz de dominar las potencias infernales que ha desencadenado con sus conjuros”gacetaproletaria@gmail.com
¡SALVEMOS A MEXICO!
LA IRRITACION SOCIAL FRENTE AL PROCESO ELECTORAL
“Paletas, paletas…hay paletas, de fresa, limón, vainilla, de coco…hay paletas, llévelas, llévelas”, pasaba frente a mi lugar de trabajo un ciudadano más que se suma a la llamada economía informal, el humilde paletero, mi compañero de militancia y amigo Sebastián, estrenando nuevo oficio en la búsqueda de la supervivencia, me saludó y empezó a contar sus desgracias.
“Ya no trabajo mas en la maquiladora, cerró sus puertas y echó a la calle a todos sus trabajadores, yo fui uno de ellos…ahora qué voy a hacer -me pregunté-, a mi edad no es fácil encontrar empleo, menos con la crisis actual. Tengo tres hijos que mantener, ellos quieren seguir estudiando, se las arreglan como pueden, la educación es muy costosa y a puro pedir se la llevan. Esta semana lo más que he ganado son 50 pesos en un día, de ahí para abajo. Con ése dinero hay que comer y sostener los gastos de la casa, y ajustarnos el cinturón haber hasta dónde llega, ¡hasta que reviente!, porque ha de saber usted que Televisa está lanzando una campaña publicitaria para enseñar al pueblo “la cultura del ahorro”, con motivo de la crisis económica; nadie debe gastar más de lo que gana, entonces nos está condenando a millones de mexicanos a morirnos de hambre”.
Despedí la plática del compañero con un amargo sabor de boca ¡no es posible tanta injusticia! Y luego hay quienes, con la barriga llena se preguntan porqué aumenta de manera tan alarmante la violencia social.
Seguí barriendo la banqueta frente al negocio donde trabajo, no acababa de digerir la angustia cuando pasa frente a mí un hombre joven con apariencia de campesino, en lamentables condiciones, casi descalzo: “una ayudita, señor, quiero pasar a trabajar al otro lado, voy a Tijuana haber si tengo suerte, necesito que me regale unos dos pesos pa’ comprar un virote, no he comido nada desde ayer”. Pero mi amigo, desde dónde viene usted -le pregunte-, desde Chiapas, me dijo. Pero no le conviene ir a los Estados Unidos, ahora menos que nunca –le dije- los paisanos se están regresando solos, sin que la migra los tenga que echar, no hayan trabajo y se tienen que devolver a su país. Y se lo digo con conocimiento de causa, varios familiares míos que radicaron allá en los Estados Unidos ya se están regresando; Hay un éxodo de inmigrantes latinos hacia sus países de origen, no le conviene ir allá.
“Pues esas noticias también nos han llegado allá –replicó el aspirante a ilegal- pero tampoco en Chiapas hay trabajo, no hay nada qué comer, es un polvorín, nuestras familias se están muriendo de hambre, la desnutrición es la única que nos acompaña, los quelites y las verdolagas ya nos enfadaron. Todos los que nos venimos a la aventura, en busca de un sueño pa’ que nuestros hijos coman, es porque no nos queda otro camino; antes que morir con los brazos cruzados preferimos morir en el intento”. Le di mi lonche y despedí al humilde joven deseándole la mejor de las suertes. Esa amarga realidad que vive el pueblo debería verse reflejada en los periódicos -me dije-, la difícil experiencia recogida de éstos humildes labriegos es la misma que flagela a millones de mexicanos, cada una es digna de ser recogida por un reportero y plasmada en un periódico, con igual o más valor que la declaracionistis de funcionarios públicos y de gobierno, o de la clase empresarial.
Ese dolor que se ahoga en las gargantas de los miserables no puede ser contenido por mucho tiempo, la irritación social puede estallarle en las manos al régimen que promueve “el reino de las oportunidades”. El proceso electoral es una oportunidad inmejorable para que el pueblo elija razonadamente a sus representantes. Que eche a la basura toda la propaganda hueca y sin compromisos reales, que sepa que con su voto puede seguir el mismo camino de infortunio o rectificarlo. Es hora de que las sufrientes clases proletarias lleven con su voto a unos de sus representantes legítimos a la máxima tribuna del Congreso de la Unión, para que desde esa altura se escuchen sus reclamos: fin a las restricciones salariales y aumento del poder adquisitivo de los trabajadores. Es la única solución para elevar el nivel de vida del pueblo, para fortalecer el mercado interior, para que las empresas no cierren. Habiendo mayor capacidad de compra todos ganan, y México se salva de un estallido social que podría ser de incalculables consecuencias.

lunes, 23 de febrero de 2009

EL REFERENDO EN VENEZUELA
LA CONSTRUCCION DEL SOCIALISMO SIGUE ADELANTE
El pasado 15 de febrero, el hermano pueblo de Venezuela refrendó su decisión inquebrantable de continuar construyendo el porvenir en su país, bajo el liderazgo y la conducción del presidente Hugo Chávez Frías. La histórica victoria popular legitima con creces al actual régimen progresista y libertario, y le abre el camino para seguirle respondiendo a las demandas y aspiraciones de su pueblo, en su paso invencible hacia la liquidación total del injusto e inhumano modelo económico neoliberal.
El presidente Hugo Chávez y el régimen que encabeza están abriendo nuevos caminos y haciendo sus aportaciones a la experiencia histórica universal, al demostrar a sus detractores que cuando las reglas de la democracia formal se unen a la democracia económica surge la verdadera libertad política del pueblo. Una vez alcanzada ésta, queda superada y enterrada la etapa del formalismo de la democracia burguesa.
La soberanía popular debe ser la única que legitime la estancia en el poder de sus gobernantes, ya sea mediante el sufragio o por cualquier vía que estime conveniente. Al pueblo no le interesa tanto la reelección o la no reelección, lo que verdaderamente le interesa son los resultados, y si el presidente Chávez ha logrado -según la CEPAL- reducir la pobreza del 54 por ciento al 27 en sólo cinco años, bajando el desempleo y aumentando el poder adquisitivo, quiere decir que en los años de “dictadura” chavista se ha logrado más que en 30 de “democracia”.
El régimen socialista bolivariano logró en el referendo una aprobación del 55 por ciento contra el 45 de sus opositores. Una victoria que le permitirá a Hugo Chávez presentarse como candidato en las elecciones presidenciales del año 2012, para concluir en el 2019 su mandato. Los politólogos de la burguesía escandalizan hasta el delirio señalando que, en Venezuela se abrió paso a la instauración de una dictadura.
Si los intereses mayoritarios del pueblo se hacen del poder y luchan por su conservación, le podremos llamar con toda razón “dictadura del proletariado” que en su esencia es una democracia proletaria; por el contrario, si las clases poseedoras se hacen del poder y luchan para conservarlo y seguir disfrutando de sus privilegios, entonces le llamaremos “dictadura burguesa” que es la que se enseñorea hasta nuestros días en la mayor parte del mundo. Mientras no se supriman las clases sociales, entendidas éstas como categorías económicas en que se divide la sociedad, seguirá existiendo esa lucha política entre las dos formas de dictadura.
Dicen los analistas que el referendo fue inequitativo porque la oposición se enfrentó al poder del Estado y su maquinaria, esto es una verdad a medias. La verdad completa es que, esa maquinaria estatal, ahora en manos del pueblo, tuvo que enfrentar con decisión y valentía a la poderosa maquinaria del imperialismo y los costales de dólares distribuidos por la embajada de los Estados Unidos entre los cabecillas de la reacción interior.
Al conocerse el veredicto del pueblo el 15 de febrero por la noche, el mandatario venezolano hizo un juramento solemne ante sus compatriotas: “Me consumo y me consumiré gustosamente al servicio del hombre sufriente, del pueblo sufriente. Me consagro íntegramente al pleno servicio del pueblo. Todo lo que me queda de vida. Así lo juro, delante del pueblo, de mis hijas, de mis nietos. A menos que el pueblo decida lo contrario, este soldado será el candidato a las elecciones de 2012, para dirigir al país entre 2013 y 2019”. Sin duda alguna, el pueblo victorioso e invencible de Venezuela está abriendo sus brazos al porvenir. ¡Larga vida a la Revolución Bolivariana!

sábado, 14 de febrero de 2009

CATASTROFISTAS Y CATARRIENTOS
LAS DOS VISIONES SOBRE LA REALIDAD NACIONAL
La teoría del resfriado o del simple catarrito, utilizada una y otra vez por los funcionarios del régimen del “Bien Común”, el que dice gobernar el paraíso de las oportunidades y la normalidad democrática, cuando se trata de minimizar ante la opinión pública los efectos del desastre social, económico y financiero que azota el país, se encuentra hoy ante la peor crisis de credibilidad de su historia.
Ante el clamor generalizado del pueblo en demanda de sensibilidad y realismo por parte de quienes asaltaron el poder, se responde con el anatema oficial de “catastrofistas”, se oculta y se trata de minimizar la magnitud de los problemas sabedores de que el pueblo los castigará en este proceso electoral por su evidente ineficacia al frente de los destinos del país. A pesar de la desmedida campaña publicitaria oficial que se promueve bajo el slogan “para vivir mejor” la ola de catastrofistas sigue en aumento todos los días; surgen de todos los ámbitos, de todos los escenarios y clases sociales, incluyendo, -incluso- al magnate multimillonario Carlos Slim Helu.
El hecho real es que, sin haberse pactado ni firmado todavía ningún acuerdo general que involucre a todos los sectores de la economía con tales propósitos, se ha conformado ya a estas alturas, de hecho, un gran frente nacional donde actúa cada cual a su modo, desde su trinchera y sus propios intereses, que se ha unificado en una lucha común contra el régimen que encabeza el Partido Acción Nacional. Un frente nacional que integran lo mismo organizaciones de masas, sindicatos obreros, campesinos y empresariales, partidos y agrupaciones políticas, en demanda urgente de medidas gubernamentales para salvar al pueblo del colapso total. El terremoto económico que desató la crisis insalvable del capitalismo, en su fase terminal, ha pasado a perjudicar a todos, en mayor o menor medida, y los está unificando contra los pésimos resultados del “Bien Común” en el poder
La realidad objetiva nos dice que este año el PIB decrecerá al menos el 2.5 por ciento; el Instituto Mexicano del Seguro Social reconoce oficialmente que se están perdiendo poco más de 5 mil empleos diarios desde noviembre del año pasado, y la cifra tiende a aumentar. Empresas como V W, GM, Ford, Nissan, entre otras, pusieron en marcha los llamados “paros técnicos” que no son otra cosa que mandar a los obreros a sus casas con goce de sueldo al 50 por ciento. Sólo durante el día de hoy jueves, 12 de febrero, la multinacional Pionner, anunció el despido de 10 mil trabajadores de sus plantas.
Al mismo escenario negativo hay que agregar los siguientes: La inversión extranjera directa se estima este año en 15 mil millones de dólares, cinco mil menos que durante 2008; el turismo reducirá sus ingresos por la creciente devaluación del peso frente al dólar y, para rematar, el colofón de la desgracia para una economía petrolizada, el derrumbe de los precios del petróleo en el mercado internacional. En suma, y aunque se enoje Calderón hay que decirlo, una verdadera catástrofe se apoderó de nuestra realidad nacional. No existe otro calificativo que pueda dibujarnos mejor la gravedad de los problemas que ahogan a nuestro pueblo.
Por su parte, el magnate Carlos Slim, al que se le pueden señalar mil cosas, entre ellas, la de ser un explotador de muchos miles de empleados, de ser beneficiario de las privatizaciones del patrimonio público, etc., pero nunca jamás alguien lo podrá acusar de comunista, lo que obliga a escuchar con seriedad sus planteamientos, máxime cuando coincide al señalar los mismos planteamientos de los sectores avanzados del pueblo. ¿Unión y lucha de contrarios? ¿Contra el mismo régimen que lo benefició? Si. El ha dicho lo siguiente en un importante foro con amplia difusión mediática: “Se va a caer el empleo, habrá mucho desempleo, va a aumentar el desempleo como no lo hemos visto en nuestra historia personal desde los 30; van a quebrar las empresas, muchas chicas, medianas y grandes, van a cerrar los comercios, se verán locales cerrados por todos lados, va a haber inmuebles vacíos y, pues va a haber una situación delicada, no quiero ser catastrofista, pero hay que prepararse para prever y no estar viendo las consecuencias después”.
De inmediato le respondió el calderonismo al magnate Carlos Slim, por voz de su sicario, Javier Lozano Alarcón, secretario de Trabajo y Previsión Social. Entre los puntos que le criticó fue el haber llamado a rechazar la inversión extranjera directa hasta del 100 por ciento en redes públicas de telecomunicaciones, porque a él le perjudica, dijo Lozano Alarcón.
Lo que desconoce éste golpeador a sueldo y empleado del régimen que practica el fundamentalismo neoliberal es que, el nacionalismo económico es una reacción válida, tanto para los países desarrollados que la practican todos los días, cuanto más para un país en desarrollo como el nuestro. Ahora mismo, la industria del acero de los Estados Unidos será la única que participe en los programas de infraestructura previstos por el paquete de rescate ordenado por Obama. En una decisión soberana, el presidente estadounidense se apresta a proteger a su propia industria para sacarla de la crisis, malo que no lo hiciera. Desde luego que las acereras multinacionales ubicadas en otros países serán perjudicadas, pero no se puede someter el interés legítimo del pueblo a las reglas del libre comercio internacional cuando éstos entran en franca contradicción.
Escandaliza Lozano Alarcón cuando afirma que: “ni el Banco de México, ni Hacienda, ni analistas, ni la OCDE, ni otros organismos internacionales están viendo un escenario tan grave como el que mencionó el pasado lunes (9 de febrero) Carlos Slim Helú. Pues claro que no, él funcionario de marras se previno de mencionar a todos los integrantes de la camarilla neoliberal que nos llevó a la crisis actual. Que les pregunten a las amas de casa cuando van al mercado a comprar su mandado, a ellas que si saben de economía y de hacer milagros con el salario, a ver qué opinan de los precios de la canasta básica y la carestía de la vida. Claro, dirá el funesto secretario que se trata de puros catastrofistas.
Nos han llamado catastrofistas a todos los que nos quejamos de la miseria en que vivimos, no importa. Los que hablan del simple catarrito en la economía, los que tratan de ocultar la realidad en razón de su interés electoral, los que quieren vendernos el falso reino de las oportunidades, serán sancionados muy pronto por la misma catástrofe que éstos han creado.

lunes, 9 de febrero de 2009

EL CONSTITUYENTE DE QUERETARO

EL CONSTITUYENTE DE QUERETARO

El pasado 5 de febrero del presente año se celebró el 92 aniversario de la Constitución que promulgó el Constituyente Mexicano reunido en la ciudad de Querétaro al calor de la primera revolución social del siglo XX. Una resonante victoria de las masas populares que sigue levantando hasta nuestros días encono y vituperios por parte de la oligarquía y las fuerzas conservadoras.
La celebración de un aniversario más de nuestra Carta Magna se llevó a cabo en uno de los momentos más difíciles de nuestra historia, sólo comparable a los graves escenarios previos al estallido social de 1910. Difícil, porque la contrarrevolución despacha desde Palacio nacional: los mayores enemigos de la reforma agraria y el sector campesino de México, los enemigos históricos de la clase trabajadora y sus justas demandas; los enemigos de la educación pública, laica y gratuita y, los enemigos de la participación del Estado en la economía nacional, se han encaramado en el poder para continuar beneficiando a las clases privilegiadas.
El Comandante en jefe de las fuerzas reaccionarias, Felipe Calderón, aprovechó el discurso en el Teatro de la República, en el aniversario del Constituyente, para fustigar a las voces realistas que hablan de la catástrofe económica que campea en el país. El no está de acuerdo, son “catastrofistas” -dijo-, espantan las inversiones. No quiere que se queje aquél que está desempleado y tiene hambre. Por su parte, Eduardo Bours, el cacique mayor en Sonora, representante de la oligarquía empresarial y dueño del llamado “PRI Sonora” un apéndice ideológico del PAN, en su discurso del 5 de febrero, dijo -entre otras barbaridades-, que la Constitución “no pasa de ser un catálogo de buenos deseos”. Malo es que lo diga un ciudadano cualquiera, pero peor, es que lo diga un gobernante en ejercicio de sus funciones, que juró cumplir y hacer cumplir la Constitución para hacer realidad sus postulados. En fin que, los vituperios hacia la Carta Magna se vierten hoy por boca de quienes dicen presidir la marcha del país, y el colmo, utilizan las celebraciones de su aniversario.
Es un hecho que quienes gobiernan hoy y la critican desde el poder, son los mismos detractores de ayer, las mismas fuerzas conservadoras y oligárquicas derrotadas en los campos de batalla. Por el contrario, quienes militan en el sector revolucionario del país siguen sosteniendo que, el primer hecho que caracteriza a la constitución de un país, es el de que tiene su origen en una revolución popular victoriosa, como resultado de una ley histórica, porque toda constitución es en su esencia más que un hecho jurídico, un hecho de poder, determinado por las fuerzas operantes decisivas que existen en determinado país. Las constituciones tienen validez en tanto que reflejan esos factores, esas fuerzas políticas decisivas en la vida de una sociedad humana. Así ha ocurrido en nuestro país a lo largo de su historia. México ha tenido tantas constituciones cuantos han sido los cambios de los factores imperantes en el seno del pueblo. El fruto político más importante del movimiento revolucionario de 1910 fue la nueva Constitución de la República, que entró en vigor el primero de mayo de 1917.
Los detractores de la Revolución siempre han afirmado que la Constitución de 1917 fue un documento improvisado. En cierta forma han repetido los argumentos esgrimidos contra la de 1857, y contra la capacidad y la preparación de los diputados constituyentes, cargos semejantes a los que sufrieron sus predecesores. El argumento principal era el de que la constitución de 1917 fue la misma que la de 1857 con parches que contradicen su fisonomía liberal, inspirados en doctrinas exóticas o utópicas, y que las nuevas instituciones no tenían justificación en la realidad social mexicana. Estas afirmaciones eran y siguen siendo falsas. Así como los planes, proclamas, bandos, y decretos de los insurgentes y las constituciones anteriores a la Revolución de Ayutla, fueron los antecedentes de la de la Constitución de 1857, del mismo modo, los planes y los programas revolucionarios anteriores a la Constitución de 1917, deben considerarse como las premisas de la Carta Magna en vigor.
Sería imposible hacer la lista completa de esos documentos. Pero he aquí los principales: el programa del Partido Liberal, del primero de julio de 1906; el Plan de San Luis, del 5 de octubre de 1910; el Plan de Ayala, del 28 de noviembre de 1911; las adiciones al Plan de Guadalupe, del 12 de diciembre de 1914; el Decreto sobre Terrenos Petrolíferos, del 3 de agosto de 1914; el Decreto creando el descanso semanal obligatorio y la duración de la jornada, del 23 de agosto de 1914; el Decreto sobre abolición de las deudas de los peones, del 3 de septiembre de 1914; el Reglamento de la Comisión Agraria, del 13 de octubre de 1914; el Decreto relativo al proletariado rural, del 9 de septiembre de 1914; el Decreto sobre el salario mínimo, del 9 de enero de 1915; la ley del 6 de enero de 1915, que ordenó la restitución y dotación de tierras a los pueblos; el pacto entre el jefe del Ejército Constitucionalista y la Casa del Obrero Mundial, del 17 de febrero de 1915; el Decreto sobre tierras expedido en nombre del jefe de la División del Sur, el 28 de febrero de 1915; el Decreto sobre el patrimonio familiar del 15 de abril de 1915.
Estos planes y decretos no fueron producto de la fantasía. Encerraban exigencias concretas del pueblo que se había levantado en armas para lograrlas. Eran reivindicaciones que surgían de la realidad viva. Cuando el Congreso Constituyente se reunió en Querétaro el primero de diciembre de 1916, los diputados le entregaron ese patrimonio del pueblo para que le sirviera de norma. Por eso los debates tuvieron gran importancia. ¿Se trataba de liberales del siglo pasado?, ¿cual fue la filosofía social predominante en la asamblea? Los diputados que intervenían con mayor autoridad en los debates se llamaban así mismos liberales, pero agregaban: "no somos ya los liberales de ayer; somos liberales avanzados; somos liberales que llegan casi al socialismo". Esta fue la declaración de los que formaron el grupo llamado renovador, que tuvieron en sus manos la redacción de los preceptos nuevos de mayor trascendencia: el Art. 27 y el Art. 123.
Lo más interesante del Congreso es que el proyecto de Constitución enviado por el jefe del Ejército Constitucionalista, Venustiano Carranza, se hallaba en abierta pugna con las demandas concretas de los diputados, que podríamos calificar de izquierda, comparados con los otros, y que se sentían apoyados por el Gral. Álvaro Obregón. La iniciativa de Carranza no entrañaba ninguna novedad, era la misma Constitución de 1857, con la agravante de que se pedía un mayor poder político para el ejecutivo, a expensas del Poder Legislativo. No había en ese documento nada que pudiere llamarse derecho social o reivindicaciones nacionales. Pero del debate surgieron las modificaciones al proyecto y numerosas iniciativas. La presión del ala izquierda obligó al Congreso a recoger las reivindicaciones populares de carácter progresista y las demandas nacionales tendíentes a salvaguardar la soberanía de México, y a confirmar y ampliar las Leyes de Reforma.
¿Cuales eran las reivindicaciones populares más importantes? Entre las económicas, el problema de la tierra. La historia de México, desde el año de 1521 en que desembarcaron los conquistadores en la Costa del Golfo, hasta hoy, en su parte medular fue la historia de la lucha por la tierra. No es ésta la oportunidad para recordar el proceso de la reivindicación de la tierra por las masas populares; pero durante los trescientos años del régimen colonial la mayoría de las sublevaciones -que fueron muchas- tuvieron ese origen.
El único pueblo en el mundo que tuvo más revoluciones agrarias que el nuestro, fue el pueblo Chino. A los pocos días de haber llegado Cortés y de haber instaurado su cuartel general en Coyoacán, surgió dentro de sus propios soldados la primera rebelión contra la monarquía Española que consideraba suyas todas las tierras ocupadas y descubiertas, en tanto que los conquistadores las reclamaban para ellos. Pero son, naturalmente, los indígenas despojados de sus tierras los que se sublevan en verdad. Los nativos que se niegan a entrar en las encomiendas, trabajar casi gratuitamente en las minas, abandonando sus pobres hogares y sus labores del campo; los negros esclavos, las castas y, finalmente, los criollos, porque en un país en que la única rama de la producción destinada al mercado interior era la agricultura, la tierra adquirió el valor de garantía única para la subsistencia y de medida para los privilegios sociales.
Y como ni la Revolución de Independencia ni la Revolución de Reforma variaron la estructura económica del país, y durante la dictadura porfirista se llegó a la concentración de la tierra a un grado patético, la Reforma Agraria, junto con las reivindicaciones de los trabajadores se convirtieron en el objetivo central de la Revolución Mexicana y su mayor fruto, la Constitución General de la República, promulgada en 1917, en vigor todavía hasta nuestros días.
Al cumplirse un año más de la promulgación de la Carta Magna, lo revolucionario es defenderla del embate que sufre por parte de la oligarquía criolla en el poder, que pretende seguirla modificando en beneficio de sus intereses y del capital financiero internacional. Tiempos vendrán en que por la misma naturaleza dialéctica del derecho la Constitución tenga que desembocar en un nuevo constituyente, cuando la correlación de fuerzas favorezca verdaderamente a las fuerzas democráticas y nacionalistas en el seno del congreso; ahora no es el momento de modificarla, es el momento de defenderla.